¿Es posible la paz con las Farc?

Nada puede ser mejor para todos que algún día el conflicto armado con la guerrilla desaparezca, y que de esta manera nos encaminemos a ser una sociedad donde la violencia como arma política sea cosa del pasado.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
agosto 30 de 2012
2012-08-30 04:21 a.m.

¿Qué posibilidades hay de hacer la paz con las Farc?

La pregunta surge cuando nos encaminamos nuevamente a un proceso de negociaciones que, sin duda, será enmarcado en la frase más esperanzadora que se oye decir alrededor del conflicto armado: la paz es un anhelo de todos los colombianos.

Comienzo por dejar claro que soy de los que también tengo este sentimiento. Nada puede ser mejor para todos nosotros que, algún día, el conflicto armado con la guerrilla desaparezca, y que, de esta manera, nos encaminemos a ser una sociedad en la cual la violencia como arma política sea cosa del pasado.

Mi problema es que, ante todo, debemos ser realistas: hoy, es muy difícil lograr un acuerdo negociado con las Farc, tanto desde el punto de vista metodológico como desde el punto de vista del contenido de este supuesto acuerdo.

¿De qué metodología estoy hablando? Sencillo. Hablo de una pregunta que es necesario hacerse alrededor de todo eventual proceso de paz: ¿es factible negociar en medio del conflicto? Mi respuesta es que no, y el mejor ejemplo es lo ocurrido durante el proceso de paz de El Caguán.

El presidente Andrés Pastrana, con honestidad y un patriotismo genuino, del que fui testigo, entre 1998 y el 2002 puso en juego todo su prestigio ante los colombianos, insistiendo en un proceso de negociación, en el que la zona de distensión –que formó parte de la metodología de negociación– nunca fue acorde con la actividad armada realizada por las Farc dentro, pero sobre todo, fuera de esta área.

A la generosidad metodológica del Gobierno se le contrapuso el propósito de la guerrilla de mostrar hasta la saciedad que le importaba más el proceso en sí mismo que la búsqueda de acuerdos. Nunca negoció y en cambio atacó pueblos y secuestró, todo ello, con saña y odio evidentes.

Fracasado el proceso del Caguán, hoy más que nunca la respuesta es que no es posible negociar en medio del conflicto.

De aquí que la única opción que existe es que las Farc, durante la negociación, se concentren en uno a varios lugares, de tal forma que ello garantice que cesa toda actividad por fuera de la ley mientras se buscan acuerdos. No hay otra opción.

Pero hay que ser ingenuo si se piensa que las Farc de hoy van a aceptar una posibilidad en tal sentido. Su historia, su discurso y el momento que vive permiten afirmar que está inmensamente lejos de llevar a cabo una concentración que limite su movilidad y accionar. No hay que olvidar que la guerrilla es guerrilla, porque es móvil y no se sabe dónde está. Concentrarse no es cualquier decisión.

Empero, seamos positivos y pensemos que desde el punto de vista metodológico quedan resueltos todos los problemas, y pasemos a la siguiente pregunta. ¿Qué se va a negociar?

Del lado de la sociedad, del Estado, del Gobierno, o como quiera llamársele, no debemos decirnos mentiras y debemos tener claro que lo único que nos interesa es que la guerrilla deje las armas y desmonte su aparato militar.

Negociar para que la guerrilla siga existiendo no tiene sentido, y eso lo tiene claro el presidente Santos.

Y viene una nueva pregunta: ¿a cambio de qué? ¿Qué le damos a la guerrilla para que deje las armas? Soy de los que creo que es necesario el perdón e, incluso, aceptar que sean protagonistas de la vida política del país en la medida que ello lleva implícito que acepten la democracia.

Pero seamos sinceros. No todos los colombianos están dispuestos a aceptar que, a cambio de su desmovilización, las Farc sean perdonadas de sus crímenes, más aún, cuando al perdón se le sume que asistan al Congreso y anden en camionetas blindadas con escoltas por las calles de las ciudades.

Y para rematar mi pesimismo, no nos olvidemos de otro detalle: ¿quién de verdad cree que las Farc se van a desmovilizar a cambio, únicamente, de un perdón y una opción de ir al Congreso? ¿Acaso no conocen sus testimonios?

En resumen, hoy hay muy poco espacio de negociación, ni en metodología ni en los temas de posibles acuerdos.

Soy consciente, no obstante, de que esta postura pesimista debe ser vencida por la necesidad de poner fin, de una vez por todas, a un conflicto que sobra en una sociedad que merece otro futuro.

De ahí que entienda la intención del presidente Santos de evaluar la opción de poner en marcha un nuevo intento.

Ojalá la oposición uribista, el pesimismo y, sobre todo, las Farc permitan avanzar hacia acuerdos reales.

Gonzalo de Francisco
Consejero Presidencial de Seguridaddurante el gobierno de Andrés Pastrana

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