El precio de la gasolina: ambigüedades

El Gobierno Nacional no ha dado explicaciones hasta el momento de por qué habiéndose descolgado estrepitosamente el precio del crudo en los mercados internacionales, el precio interno de la gasolina y del ACPM apenas ha caído imperceptiblemente.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
enero 20 de 2015
2015-01-20 11:53 p.m.

Todo lo concerniente al precio de la gasolina ha estado rodeado últimamente de ambigüedades. De claroscuros.

Tratándose de un asunto tan delicado, lo menos que se le puede pedir al Gobierno es mayor transparencia y claridad.

Quisiera analizar en este artículo dos ejemplos concretos de dichas ambigüedades: primero, la manera como se tramitó en la última reforma tributaria el nuevo tributo parafiscal a la gasolina. Y segundo, las explicaciones –o mejor la falta de explicaciones– que el Gobierno ha dado hasta el momento de por qué habiéndose descolgado estrepitosamente el precio del crudo en los mercados internacionales, el precio interno de la gasolina y del ACPM apenas ha caído imperceptiblemente.

I.

La última reforma tributaria creó el llamado tributo del “diferencial de participación” para financiar el Fondo de estabilización de los combustibles. En rigor, no estamos frente a un mico como se ha dicho, pues finalmente se trata de dos artículos (69 y 70) que se votaron y quedaron incluidos en el texto de la ley 1739 del 2014. Pero sí, se trata de una habilidad gubernamental inaceptable. Como las muchas que rodearon el diseño, cuantificación y trámite de la última reforma tributaria.

¿Por qué decimos esto?

La contribución parafiscal creada con la última reforma es nada menos que un nuevo tributo. Recuérdese que las contribuciones parafiscales son tributos según definición constitucional.

Ahora bien, ¿cómo es que algo tan serio como es la creación de un nuevo tributo ni siquiera hizo parte del texto original del proyecto que se presentó inicialmente al Congreso?

Por mucho menos se le cayó a Roberto Junguito una ley en la Corte Constitucional, porque esta consideró inexequible que algo tan delicado como una modificación en la tarifa del IVA no se hubiera incluido en el texto original.

Si esto dijo la Corte frente a una mera modificación a la tarifa del IVA, ¿qué va a decir ahora cuando lo que se añadió durante el trámite parlamentario fue nada menos que la creación de un nuevo tributo?

A alguien se le ocurre, por ejemplo, que el Fondo del Café se hubiera creado en los artículos misceláneos de una reforma tributaria, y no a través de una norma especial como lo hizo Carlos Lleras en 1940 durante el gobierno de Eduardo Santos.

II.

Cuando se analizan con cuidado las normas legales que rigen la fijación del precio de los combustibles en Colombia, empieza a encontrársele una respuesta a la pregunta que hoy con toda razón se formulan atónitos los ciudadanos: ¿por qué habiendo caído en las últimas semanas casi un 60 % el precio internacional, en los surtidores de gasolina escasamente ha bajado un 3 %?

Solo que esa respuesta no la ha dado paladinamente el Gobierno hasta ahora, como corresponde.

Veamos. En comunicado conjunto que expidieron los ministerios de Hacienda y de Minas hace una semana dijeron textualmente: “La reforma tributaria no modifica la fórmula de precios, ni obliga a que suban ni evita un descenso de los mismos”.

O sea, la última reforma tributaria –según el Gobierno– no es la causante del gigantesco diferencial que se presenta entre precio internacional y precio interno.

Entonces ¿quién es el causante?

Cuando la Corte Constitucional en sentencia C-621 del 2013 declaró inconstitucional el Fondo de Estabilización de los Precios de los Combustibles, porque dicho fondo fue creado por reglamento y no por ley (cosa que se subsanó en la última reforma tributaria), dijo lo siguiente: “Una de las fuentes de financiación del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles será la diferencia entre el precio de paridad internacional y el precio de referencia, cuando este último sea mayor que aquel.

Un elemento indispensable del análisis de constitucionalidad es que el precio de referencia es fijado por el Ministerio de Minas y Energía, sin que existan parámetros de rango legal que determinen los criterios que debe seguir el Ministerio al realizar dicha tarea”.

Lo anterior, dicho en buen romance, significa que si el precio de referencia que fija el Ministerio de Minas y Energía está por encima del llamado precio de paridad (que no es otro que el internacional), tal diferencia irá a engrosar las arcas del Fondo de Estabilización y no a aliviar el bolsillo del consumidor.

Que es exactamente lo que ha sucedido en estos últimos días: el precio de paridad se vino al suelo y el de referencia se quedó por las nubes.

Corresponde entonces al Ministerio de Minas explicarle al país –cosa que no ha hecho aún– qué criterios lo han guiado para dejar el precio de referencia por las nubes cuando el precio del crudo se ha descolgado casi un 60 %.

Al reglamentar la última reforma tributaria, cosa que no se ha hecho tampoco, tendrá que definírsele el Ministerio de Minas cuáles son los criterios que deberá utilizar al establecer el precio de referencia de los combustibles hacia adelante. No puede seguir fijándolo arbitrariamente, como ya lo advirtió la Corte.

Ojalá esto se haga pronto. Pues mientras no se le diga al país por qué se ha dejado ampliar la brecha entre precio de referencia y precio de paridad de la gasolina en magnitud tan exorbitante, el estupor de los colombianos seguirá –y con toda razón– vigente.

Ojalá que la razón de esta ambigüedad no sea que el Gobierno ha resuelto pasar habilidosamente de agache en dar esta explicación, o sea: que no ha querido ponerle la cara al gran debate del precio de los combustibles en Colombia, para recoger silenciosamente mientras tanto los 4,2 billones de pesos a que asciende el déficit del Fondo.

Sin que los consumidores ni la economía en general se beneficien de la caída de los precios internacionales. Como sí está sucediendo en todo el mundo, ante las desalentadoras proyecciones del crecimiento para el 2015.

Y aun, si tal es la razón, tampoco se justifica la ambigüedad gubernamental: debería al menos decirle con claridad al país cuál es su propósito. Para que todos sepamos a qué atenernos.

Juan Camilo Restrepo

Exministro de Agricultura


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