¿Es prioritario combatir el uso de información privilegiada?

Redacción Portafolio
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abril 02 de 2014
2014-04-02 12:29 a.m.

En agosto del 2009, el señor Preet Bharara fue nombrado fiscal del Distrito Sur de Nueva York, del cual hace parte Manhattan. Al sumar los veredictos condenatorios y las admisiones de culpa, registra una marca de setenta y nueve triunfos y cero derrotas en su lucha contra la utilización de información privilegiada en la compra y venta de acciones.

Bharara suele manifestarse sobre el tema como, “es un problema rampante, en medio de una cultura que no objeta el intercambio casual de información que aún no ha sido hecho pública”. La ha comparado con el uso de estimulantes, en el sentido de que es “injusta, ofensiva e ilegal”. Según él, “debe ser tomada como una ofensa para todo aquel que crea y confíe en el mercado”.

Alcanzó un momento cumbre cuando obtuvo, en octubre del 2011, la condena a once años de prisión al señor Raj Rajaratnam, fundador en 1996 del fondo de cobertura Galleon Group’, que llegó a manejar 7.000 millones de dólares. Desde tiempo atrás lo venían investigando, pero el gran giro se produjo cuando la Fiscalía fue autorizada a interceptar comunicaciones sospechosas, técnica restringida hasta entonces a la lucha contra el crimen organizado, el terrorismo y el narcotráfico. Bien pudo haberse ganado 205 años, al haber sido declarado culpable en nueve casos por fraude (cada uno con una pena máxima de 20 años de cárcel), y en cinco por conspiración (pena máxima de cinco).

Como es usual en este delito, obtenía la información mediante una intrincada red de informantes que se infiltró hasta en empresas del calibre de Google, Ebay, Intel y los hoteles Hilton. En este último caso, un analista de la firma Moody’s pasó información en julio del 2007 a un miembro de su cadena, en el sentido de que los hoteles iban a ser vendidos a un precio muy favorable. Lo que ignoraban es que a este último la Fiscalía ya lo tenía matriculado como cooperante. La información le llegó a Rajaratnam, quien, mediante la compra de un paquete importante de acciones, obtuvo una utilidad de 4 millones de dólares (obviamente a costa de quienes vendieron, al no estar tan bien informados).

El segundo ocurrió el mes pasado, con la declaración de culpabilidad al señor Mathew Martoma, antiguo administrador de portafolios de la empresa SAC Capital Advisors. La compañía es dirigida por el Steven Cohen, uno de los más importantes gestores de este tipo de fondos, con activos cercanos a 15.000 millones de dólares. Aunque no ha sido acusado criminalmente, lo tienen bastante ‘embollado’.

Fue juzgado por lucrarse con información aún no hecha pública, relacionada con el desarrollo de una droga contra el Alzheimer en las empresas Elan y Wyeth. Ha sido uno de los casos de mayor cuantía, estimado en 276 millones de dólares. Ocho funcionarios de SAC Capital Advisors han sido encontrados culpables entre este y otros procesos.

La Fiscalía, de la mano de la Securities and Exchange Commission (SEC) y el FBI, dispone de sofisticados algoritmos que detectan movimientos inusuales en la negociación de acciones, generalmente alrededor de los más importantes eventos corporativos: reportes de utilidades y ventas, cambios de la calificación por parte de los analistas, declaración de dividendos, lanzamiento de nuevos productos y tecnologías, fusiones y adquisiciones, y noticias sobre el desarrollo de importantes drogas.

Escrutan ‘rendimientos aberrantes’ que superen consistentemente al mercado. Según Robert Khuzami, directivo de la SEC, por encima de 3 por ciento es ya un indicio importante. Y mediante alguna prueba comprometedora, los agentes del FBI son expertos en intimidar a los involucrados. Estos, a cambio de penas más suaves, terminan convirtiéndose en informantes.

Escribe Charles Gasparino, en su libro Círculo de amigos, que desde la aparición en Europa en el siglo XVII de las bolsas de valores, y en medio de legislaciones muy laxas, empresarios y financistas amasaban fortunas por medio de información a la cual solo ellos tenían acceso.

Igualmente, la manipulación de acciones era pan de cada día. Y como legalmente no estaban obligados a suministrar información, esparcían alegremente noticias, desprendiéndose de sus acciones tan pronto obtenían jugosas ganancias.

La situación empezó a cambiar un poco a raíz de la la Gran Depresión en 1929. Durante la administración del presidente Roosevelt, concluyeron que la insuficiencia de leyes tuvo mucho que ver con la catástrofe económica. Con ese fin, nombraron en 1933 al señor Joseph Kennedy, uno de los más exitosos participantes en el juego y padre del futuro presidente, como director de la recién creada SEC. Pero estaba limitado a censurar y poner multas.

Habría que esperar hasta comienzos de los años sesenta, bajo la presidencia de su hijo, para que fuese declarada como una actividad ilegal, a erradicarse. Y cuarenta años más, como una consecuencia más de la crisis financiera, para que empezaran a castigar el delito con cárcel.

A propósito del caso de InterBolsa, poco o nada se publicó en cuanto a la utilización de información privilegiada. Se me ocurre que entre su estrategia de negociación de penas, a los fiscales se les presenta una oportunidad de oro para adentrarse en el tema.

Harry Adler

Asesor en Inversiones Internacionales.

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