Pronósticos imprevisibles para negocios exitosos

Para una empresa, la exploración de nuevas posibilidades de desarrollo puede tener tres ejes.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
mayo 12 de 2011
2011-05-12 12:34 a.m.

 

Las nuevas realidades que llegaron desde finales del 2009 con la crisis financiera internacional, los recientes cambios políticos de las naciones del Medio Oriente y las alteraciones climáticas, han incido de forma directa en la posición que deben asumir los empresarios para lograr sus objetivos.

El contexto de negocios se ha transformado en una serie de movimientos inéditos (económicos, políticos, sociales, tecnológicos, financieros, ambientales) que redefinen las condiciones clásicas de competencia.

Algunos meses atrás, cuando los indicadores mundiales comenzaban a recuperarse, la debacle en Grecia abría una nueva brecha de incertidumbre en la estructura financiera y económica de Europa.

Detrás le seguían España y Portugal, que ampliaban las señales de inestabilidad en la Comunidad.

Pocos meses antes, Dubái ya había dado las mismas señales en la región, hoy agravada con la profundización de la desestabilización política en Egipto, Túnez y la intervención en Libia.

Tras la crisis del 2008, el paisaje de las decisiones económicas no ha vuelto a encontrar un rumbo de estabilidad; y el futuro de los sistemas económicos y financieros aún está abierto sin pronósticos ni tendencias homogéneas de resolución.

En los últimos meses, los fenómenos naturales han entrado a escena con impacto inusitado, primero con señales trágicas en Chile y luego devastando el Japón.

Los empresarios colombianos suman a estos impactos su propia trama de contingencias, producto de las consecuencias del invierno y de las indefinidas derivaciones políticas de los casos de corrupción en el país.

Esta trama de contingencias es el gran desafío de esta nueva década del siglo para las empresas.

Es decir, ¿cómo enfrentar un contexto que se ha tornado estructuralmente inestable?

Las contingencias son situaciones que irrumpen en el contexto cambiando las reglas de juego, dejando un final abierto de consecuencias económicas, políticas y sociales.

El desafío, es cómo posicionarse en este paisaje de imprevisibilidad que genera incertidumbre y desconcierto entre quienes lideran los destinos de empresas y organizaciones.

Para desentramar este mapa actual hay que considerar tres aspectos que lo componen. Primero, una diversidad de actores globales que implican heterogeneidad de escalas y actividades. Segundo, modalidades de interacción en tiempo real que generan un entramado muy profundo de interdependencia y efectos mutuos.

Tercero, multiplicación exponencial de las novedades producto de un paisaje competitivo que no se remite exclusivamente a otras empresas del sector.

Una empresa actualmente compite contra fenómenos complejos que involucran muchas variables, de las cuales gran parte no pueden controlarse.

Esta transformación del paisaje impacta en tres niveles de profundidad en una empresa: en sus productos, en el modelo de negocios en su ‘core business’; o más profundamente puede impactar en el corazón estratégico, en el sentido de su negocio.

¿Cómo se posiciona una empresa frente a este nuevo panorama?

Hay tres puntos clave para el posicionamiento frente a las contingencias. Primero: ampliar la capacidad de lectura, esto implica integrar nuevos actores (antes subestimados) en la lectura del contexto productivo y en la definición de los sectores competitivos; al mismo tiempo es necesario manejar diferentes escalas de tiempo en la proyección y evaluación de resultados.

Segundo: tener movimientos alternativos frente a la dinámica de los acontecimientos, porque no siempre se dan las condiciones planificadas para determinadas intervenciones. Tercero: tener sistemas de gestión más integrados y sensibles.

Más integrados significa que hay que integrar objetivos de negocios con objetivos de talento humano (para generar una cultura de cambio que sostenga nuevas capacidades competitivas) y objetivos políticos (que dimensionen el impacto social de las acciones corporativas).

Un sistema de gestión más sensible implica tener indicadores de gestión complementarios, realistas y diversificados que puedan arrojar resultados intermedios antes de que los hechos estén consumados.

Los acontecimientos actuales (económicos, políticos, culturales, ambientales), los que aparecen en los titulares de los periódicos, muestran puntos visibles de un entramado mucho más complejo de factores críticos.

Son sucesos emergentes de la dinámica de una estructura económica compleja, interdependiente y dinámica.

Dicho de otra manera, las situaciones visibles que compartimos cotidianamente son apenas una pequeña parte de la realidad; sólo factores circunstanciales de la dinámica de la historia no reflejan la historia, sino que representa una escena coyuntural de lo que se está jugando en un momento histórico.

Desde el punto de vista corporativo, estos desafíos llevan a replantear la arquitectura clásica de las empresas en dos niveles estructurales complementarios.

Por un lado, fortalecer las estructuras estables que aseguren una base de sustentabilidad y previsibilidad significa hacer más de lo mismo de manera más eficiente.

Y por otro lado, generar las estructuras dinámicas que permitan innovación y competitividad equivale a aventurarse por nuevos espacios de posibilidad, explorar y crear alternativas.

Marcelo Manucci, escritor.

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