A propósito de la enfermedad holandesa

Si nos atenemos a los hechos, resulta difícil negar que estamos presentado los síntomas de la enfermedad holandesa: auge minero-energético, masivo ingreso de dólares, abaratamiento del dólar y debilitamiento de la industria y el agro.

Redacción Portafolio
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febrero 05 de 2013
2013-02-05 09:26 p.m.

Hace cerca de 50 años fue descubierto en el Mar del Norte, frente a la costa holandesa, un inmenso yacimiento de gas natural que despertó grandes expectativas de prosperidad económica para esa nación. Con ello llegaron grandes inversiones para proyectos de explotación y el país empezó a exportar gas en inmensas cantidades.

Los inversionistas holandeses no se cambiaban por nadie con el retorno de sus inversiones, el gobierno estaba feliz con el mayor recaudo de impuestos y ambos, inversionistas y gobierno, muy satisfechos por el mayor volumen de exportaciones. ¡La fórmula perfecta! diría la teoría. Pero la práctica comenzó a aguar la fiesta y lo que pudo haber sido una gran bonanza para la economía holandesa, se convirtió en una grave enfermedad.

¿Qué sucedió?

Sencillamente que esa bonanza le cayó mal al aparato productivo: 1) El abundante ingreso de dólares hizo que el florín se apreciara y que el dólar valiera cada vez menos. 2) Con un dólar barato, los industriales holandeses perdieron su empuje para fabricar productos exportables, pues cada vez recibían menos florines por sus exportaciones. 3) Los efectos de un dólar barato, provocaron un estancamiento del sector agropecuario. 4) Al verse afectados la industria y el sector agropecuario, ello se tradujo en destrucción de empleo, pues las empresas redujeron su tamaño.

Toda esa problemática se conoce con el nombre de “enfermedad holandesa”.Y desde entonces el temor de los demás países de contagiarse los ha llevado a aplicar protocolos improvisados, que van desde “pañitos de agua tibia” y remedios caseros, hasta complicados e ineficaces tratamientos.

Basta mirar el auge exportador de Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, en donde la abundancia de dólares ha sido el resultado de las exportaciones minero-energéticas, que ha llevado a todos los dolientes a pedir a gritos a sus gobiernos y bancos centrales medidas contundentes para frenar la apreciación de sus monedas. El debate está abierto y empiezan a encenderse las alarmas por el amago de la enfermedad.

¿Qué está pasando en Colombia? 

Si hacemos un análisis simple de los hechos, a partir de una comparación entre lo ocurrido en Holanda hace 50 años y lo que sucede actualmente en Colombia, tanto en sus causas como en sus efectos, encontramos coincidencias profundas. Veamos:

Auge minero-energético

Mal que bien, la locomotora minera avanza rápido, sustentada en la gran Inversión Extranjera Directa en el sector y en las exportaciones de hidrocarburos. 

Masivo ingreso de dólares

Esta locomotora está generando un masivo ingreso de dólares. En el 2011 las exportaciones colombianas sumaron 51.452 millones de dólares y la IED alcanzó 13.605 millones. Ese año el sector minero-energético representó el 65% de las exportaciones y el 59% de la IED. Y para el año 2012 las exportaciones rondarán los 60.000 millones de dólares y la IED los 16.000 millones, y la participación del sector será similar. Y súmele a ello el ingreso de dólares para el financiamiento del presupuesto nacional.

Apreciación preocupante

Derivado de esa gran abundancia de dólares, el peso colombiano viene apreciándose de manera significativa. Las cifras son elocuentes: el dólar vale hoy lo mismo que en 1999 y las expectativas son grises porque las causas se mantendrán intactas.

Acierta el Banco de la República al extender la medida de compra de dólares de 20 a 30 millones diarios; ojalá no solamente mantenga la disposición, sino que incremente la cifra de intervención para que el impacto sobre la apreciación tenga efecto y logremos una tasa de cambio que bordee los $2.000.

Debilitamiento de la producción industrial

Industriales, analistas económicos, gremios, centros de pensamiento y autoridades económicas empiezan a hablar de desindustrialización. Unos negándola y otros reconociéndola. Lo cierto es que la industria ha venido perdiendo participación en la economía: hace 30 años contribuía con el 24% del PIB; 20 años después bajó al 15% y hoy representa menos de 12%. Y todo ello atado a la apreciación del peso (léase revaluación del dólar), que está llevando a que los industriales prefieran importar los productos en vez de producirlos en Colombia.

Desempleo amenazante

Aunque el desempleo marca una tendencia a la baja, no hay que perder de vista algunos indicadores que preocupan, como que hace 10 años la industria empleaba el 23% de los puestos de trabajo, mientras que actualmente lo hace con el 13%. Y mucho más diciente el hecho que el sector minero energético, que hoy está marcando los primeros renglones de la economía, solo genera el 1% de los puestos de trabajo, alrededor de 200.000 empleos.

¿Estamos padeciendo la enfermedad?

Si nos atenemos a los hechos, resulta difícil negar que estamos presentado los síntomas de la enfermedad holandesa: auge minero-energético, masivo ingreso de dólares, abaratamiento del dólar hasta niveles perjudiciales y debilitamiento de los sectores industrial y agropecuario. Gústenos o no, la radiografía es similar a la holandesa de hace 50 años. 

Luis Alfonso Árias Aristizabal / Analista económico

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