La próxima fuga de cerebros

Si los países latinoamericanos actúan con inteligencia y se insertan en la nueva economía global del conocimiento podrían beneficiarse de la creciente competencia mundial por el talento.

Redacción Portafolio
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febrero 05 de 2013
2013-02-05 02:10 a.m.

El plan de reforma migratoria del presidente Barack Obama incluye un gran aumento de visas para estudiantes extranjeros que se gradúen en ciencias e ingeniería, que planteará un enorme desafío para China, India y Latinoamérica: los países emergentes tendrán que ponerse las pilas para retener a sus mejores cerebros, o sufrirán la mayor fuga de cerebros de la historia reciente.

La competencia global para atraer talentos ya ha comenzado. Canadá, Australia, Singapur, Brasil y Chile han aprobado recientemente medidas para a atraer científicos, ingenieros y emprendedores de alta tecnología. Ahora, si Estados Unidos –la economía más grande del mundo– se suma a la carrera, la competencia global por profesionales altamente calificados será feroz.

Así como ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno estadounidense atrajo a Albert Einstein y a otros científicos europeos de primer nivel, Estados Unidos se convertirá en un imán para una nueva generación de los mejores cerebros del mundo.

Según un proyecto de ley bipartidista conocido como el Acta de Inmigración-Innovación, Estados Unidos eliminaría las restricciones a las visas de trabajadores graduados en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas en universidades estadounidenses, y duplicaría el cupo de visas para inmigrantes altamente calificados, incluyendo enfermeras y programadores de computación.

El proyecto de ley, que probablemente pase a formar parte del plan de inmigración de Obama, tiene muy buenas posibilidades de ser aprobado en el Congreso. Ambos partidos coinciden en la necesidad de aumentar drásticamente el número de visas de científicos e ingenieros extranjeros para ayudar a que la economía estadounidense se haga más competitiva.

“Este es realmente un gran paso adelante”, me dijo Vivek Wadhwa, un conocido gurú de la innovación de Singularity University, y autor del reciente libro El éxodo de inmigrantes, que afirma que Estados Unidos se está perjudicando al no permitir que los graduados extranjeros de sus universidades se queden en el país.

Hoy día, casi todas las visas de Estados Unidos se conceden en base a los vínculos familiares, y no a la profesión de los postulantes. En Estados Unidos, solo el 7 por ciento de las visas son otorgadas en base a las capacidades profesionales, comparado con el 25 por ciento en Canadá, el 42 por ciento en Australia, el 58 por ciento en Inglaterra, el 80 por ciento en Suiza y el 81 por ciento en Corea del Sur, según un estudio reciente de la Sociedad Para una Nueva Economía Americana.

Según el nuevo proyecto de ley de Estados Unidos, el número de visas para extranjeros altamente capacitados aumentaría de las actuales 140.000 anuales a unas 280.000.

“La competencia por inmigrantes calificados se está intensificando cada vez más”, afirma Wadhwa. “Antes, cuando la economía mundial dependía de las manufacturas, uno necesitaba trabajadores. Ahora que la economía mundial depende de la tecnología y la innovación, uno necesita científicos e ingenieros calificados”.

Si Estados Unidos empieza a importar más científicos e ingenieros, no solo aumentará su primacía en el registro de patentes internacionales, sino que reducirá la necesidad de sus multinacionales de instalarse en China, India y Latinoamérica, agregó.

Entonces, ¿qué deberían hacer los países latinoamericanos? Casi todos los expertos coinciden en que los países de la región tendrán que producir más y mejores científicos e ingenieros, y proporcionar un mejor clima de negocios a sus sectores tecnológicos, para no quedarse atrás.

En este momento, solo alrededor del 14 por ciento de los estudiantes latinoamericanos estudian ciencias e ingeniería, y no hay ninguna universidad latinoamericana que figure en los principales lugares de las mejores 150 universidades del mundo.

Además, pocos países de la región –con excepciones, incluyendo a Chile y Brasil– dan grandes incentivos impositivos o financiación para nuevas industrias tecnológicas. Chile, por ejemplo, ha lanzado la agencia Start-Up Chile, que le da $40.000, oficinas gratuitas y visas de trabajo a los emprendedores extranjeros con buenos proyectos, especialmente en alta tecnología.

Mi opinión: si los países latinoamericanos actúan con inteligencia y se insertan en la nueva economía global del conocimiento, por ejemplo, aumentando sus convenios de titulación conjunta con universidades extranjeras, ofreciendo mejores condiciones de trabajo a sus graduados en el exterior, y creando un clima de negocios más amistoso hacia los inversores en alta tecnología, podrían beneficiarse de la creciente competencia mundial por el talento. Podrían convertir lo que antes se llamaba ‘fuga de cerebros’ en una ‘circulación de cerebros’, tal como lo han hecho exitosamente China, India, Taiwán, Corea del Sur y otros países.

Estos últimos se beneficiaron al enviar a decenas de miles de sus mejores estudiantes a Estados Unidos, y luego recibirlos de regreso en calidad de inversionistas, funcionarios públicos o profesores universitarios.

Pero si los países latinoamericanos se quedan con los brazos cruzados, probablemente veremos la mayor fuga de cerebros de los últimos tiempos. 

Andrés Oppenheimer / Periodista - columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald.

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