Rebote sin ánimo

Luego de los débiles datos de la economía de EE. UU. revelados la semana pasada, resulta menos probable un aumento de tasas en junio e incluso en septiembre. En consecuencia, el primer aumento ocurriría a finales de año, y ahora hay un mayor riesgo de que se postergue al 2016.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
mayo 26 de 2015
2015-05-26 11:56 p.m.

Los datos económicos del primer trimestre en EE. UU. fueron decepcionantes, pero parte de la debilidad se debió a los efectos transitorios del invierno inusualmente severo y a la huelga en los puertos de la costa oeste de ese país. Es por eso que la Reserva Federal confía en un repunte importante de la actividad económica a partir de este trimestre. Nosotros coincidíamos con esa apreciación, aunque de tiempo atrás venimos anticipando una recuperación más moderada que la que esperaba el mercado. Sin embargo, los datos más recientes, que ya corresponden al segundo trimestre, continúan siendo débiles, y nos preocupa que nuestro escenario esté comenzando a lucir algo optimista.

A comienzos del 2014, la economía de EE. UU. se contrajo como consecuencia de los efectos transitorios del fuerte invierno que azotó al país en esa ocasión. En efecto, buena parte de la actividad económica que no se llevó a cabo en el primer trimestre del año pasado, simplemente se desplazó unos meses y la economía registró un fuerte crecimiento de 4,6% en el segundo trimestre. Algo similar parece haber ocurrido a comienzos de este año, aunque el invierno no fue tan severo como el del 2014, con lo cual el PIB pasó de crecer 2,2% en el cuarto trimestre del 2014 a tan sólo 0,2% en el primer trimestre de este año.

La Reserva Federal ha desestimado los decepcionantes datos del primer trimestre y sigue confiando en un rebote significativo a partir del segundo. Sin embargo, las cifras recientes dan pocas razones para celebrar. Las correspondientes al cierre del primer trimestre apuntan a que la primera estimación del PIB en ese periodo podría ser revisada sustancialmente a la baja. Según las encuestas, el crecimiento estimado en el primer trimestre podría haber sido de -1%, en lugar del 0,2% que se reportó inicialmente.

Aún más preocupantes son las cifras que corresponden al comienzo del segundo trimestre, y particularmente las de la semana pasada.

Hemos vendido monitoreando de cerca el índice de sorpresas macroeconómicas en EE. UU., el cual muestra la magnitud del error entre las cifras reportadas y los pronósticos de los analistas, y llamaba la atención que en el primer trimestre se ubicó en el nivel más bajo desde la crisis económica de 2008-2009. Era razonable esperar que esa tendencia se revirtiera una vez se comenzaran a reportar datos de fechas posteriores al invierno, pero al incorporar las cifras de la última semana, que en su mayoría corresponden a abril, el índice sigue estancado en terreno altamente negativo.

En efecto, el modelo de pronóstico del PIB de la Reserva Federal de Atlanta, que incorpora las cifras que se reportan semanalmente, está arrojando un crecimiento de tan sólo 0,7% para el segundo trimestre, mientras que los principales analistas venían estimando un 2,9%.

Por ejemplo, los efectos positivos de los menores precios de la gasolina aún no se están reflejando en el consumo privado. Los hogares están siendo más cautelosos y han decidido ahorrar ese menor gasto. En efecto, los datos de ventas minoristas de la semana pasada mostraron un crecimiento mensual nulo en abril, mientras que el mercado esperaba una expansión de 0,2%. Aún más preocupante es que el crecimiento anual de las ventas se desaceleró a 0,9%, su valor más bajo desde octubre del 2009.

Simultáneamente, el índice de confianza de los consumidores de la Universidad de Michigan, que recientemente había llegado a su nivel más alto desde antes de la crisis de 2008-2009, sufrió una de sus peores caídas mensuales en mayo, y ahora se sitúa en su nivel más bajo en 6 meses. Lo anterior podría reflejar, precisamente, una mayor cautela e incertidumbre de los hogares, lo que explicaría el aumento en los niveles de ahorro que se ha observado recientemente.

Los datos de producción industrial para abril también se publicaron la semana pasada y mostraron una contracción mensual de 0,3%, mientras que se esperaba un crecimiento nulo. El crecimiento trimestral fue negativo (-2,4% anualizado) y es el peor desde mediados del 2009, mientras que el anual (1,9%) es el más bajo desde mediados del 2013.

Finalmente, la semana pasada se publicó el índice de precios al productor (IPP) para abril, el cual cayó 0,4% mensual, mientras que el mercado esperaba un aumento de 0,1%. De esta forma, la variación anual del componente del consumo personal del IPP bajó a -0,8%, su valor más bajo desde que se calcula en 2010. Este indicador tiene una relación estrecha con los dos principales índices de precios al consumidor en EE. UU.: el IPC (cuyo valor para abril se publica esta semana) y el PCE (cuyo valor para abril se publica a comienzos de junio). Lo anterior sugiere no sólo la ausencia de presiones inflacionarias por el lado de la demanda, sino que la inflación al consumidor en abril podría haber caído nuevamente desde niveles que ya son bajos (IPC en 0% y PCE en 0,3%), y lejanos a la meta de 2%, lo cual sería consistente con los pobres datos de ventas minoristas y de confianza del consumidor que mencionamos.

En columnas previas destacábamos que la Reserva Federal iba a tener que ver cifras que corroboraran su expectativa de repunte sólido luego de los choques transitorios del primer trimestre, pero creíamos que la información disponible hasta la próxima reunión de junio no sería suficiente para justificar un aumento de tasas de interés en ese momento. Luego de los débiles datos de la semana pasada, somos aún más escépticos de un aumento de tasas en junio e incluso en septiembre. En consecuencia, seguimos creyendo que el primer aumento ocurrirá a finales de año, y ahora hay un mayor riesgo de que se postergue al 2016.

Andrés Pardo Amézquita,
director Ejecutivo de Investigaciones Económicas de Corficolombiana. 

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