No a la reducción de aranceles de productos agropecuarios

El Gobierno pretende tomar una decisión para quebrar a unos productores bajo supuestos que no ha demostrado, simplemente porque no han sucedido.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
septiembre 04 de 2015
2015-09-04 03:04 a.m.

Algunas veces, los gobiernos deben tomar decisiones impopulares, cierto, pero estas deben ser debidamente sustentadas y no pueden corresponder al capricho de unos en perjuicio de otros, con el fin de generar o garantizar espacios productivos inequitativos que, a la postre, ocasionarán más ruina y daño social al país, que desarrollo productivo y económico.

Eso es lo que viene sucediendo en Colombia con los productos agrícolas. Desde hace cerca de 5 años, los industriales que utilizan azúcar como insumo iniciaron, desde el Programa de Transformación Productiva del Ministerio de Comercio, una agresiva campaña para tratar de lograr el desmonte de los instrumentos de política comercial que ha aplicado el país para evitar que se destruya el aparato productivo que no solo da empleo a más de 2,1 millones de trabajadores no calificados, sino que, además, ha sido –por lo menos en los últimos 30 años– el segundo generador de superávit comercial del país con productos básicos.

Dicha actitud ha sido seguida por representantes de otros productos agroindustriales, o alguno pecuario, como el pollo, con la esperanza de importar todos los insumos baratos, bajo el argumento de que con ello mejorarían su competitividad y bajarían los precios al consumidor.

Es posible decir que los supuestos son equivocados. En efecto, el Gobierno Nacional no ha contado con la mínima evidencia de transmisión de reducción de precios al consumidor ante la caída de los precios de los insumos, la cual sí se ha registrado en muchos periodos. Así, el Gobierno pretende tomar una decisión para quebrar a unos productores bajo supuestos que no ha demostrado, simplemente porque no han sucedido. Y ¿por qué no ocurren?, porque los productos a los que se pretende arruinar no pesan en la estructura de costos de la industria, así de simple, así de fácil. Por ejemplo, el azúcar pesa alrededor de 4% en los costos de producción de confites y chocolates. El maíz y la soya no pesan más del 20% en los costos del pollo. Otra cosa distinta es que pesen entre el 65 a 75% en la formulación de alimentos balanceados, que son bienes intermedios para la producción de pollo.

En este último caso, vale la pena anotar que los grandes costos pecuarios de producir pollo están referidos al uso de antibióticos y medicamentos, infraestructura productiva y plantas de sacrificio, desplume y preparación del pollo, empaques y distribución.

Cuando se analiza el tema con detenimiento, se encuentran grandes vacíos en el sustento con el que el Gobierno ha pretendido eliminar, limitar o anular los instrumentos de política comercial del agro, en particular las franjas de precios. Veamos algunos de esos argumentos:

* Que existen protecciones efectivas negativas. Estudios del DNP e incluso los de una variedad de consultores demuestran que no existen protecciones efectivas negativas en las cadenas productivas de los productos en franja de precios, aun en condiciones extremas de arancel de 100% para el insumo y de 0% para los bienes finales derivados. Cuando mucho, existen protecciones nominales negativas que nada influyen en la competitividad de los productos.

* Que la franja de precios aísla los precios internos de los precios internacionales. Este argumento resulta desacertado si se tiene en cuenta que las franjas se forman con los precios y cotizaciones de los mercados relevantes que establecen el precio internacional.

* Que la franja de precios resta competitividad a la industria procesadora. No es viable que ello suceda, cuando las utilidades y el crecimiento anual promedio de los últimos años de la industria procesadora, en casos como el de la confitería, la chocolatería o la avicultura, entre otros, ha crecido, en promedio, en los últimos 15 años, por encima del promedio de crecimiento del PIB agrícola o del nacional. En algunos subsectores incluso las utilidades de la industria de bienes finales como confites y chocolates, es 3 veces superior a la del propio sector azucarero o del cacao.

* Que la franja de precios limita la generación de exportaciones y no le permite competir internacionalmente. Tampoco ha podido demostrar dicha tesis, en la medida en que los subsectores que la plantean han incrementado sus exportaciones en los últimos años de manera considerable, y otros no son sectores exportadores, como los del ámbito pecuario. Lo cierto es que los ramos que aducen este argumento, se sustentan en el mercado doméstico y, en unos casos, no tienen competencia por la protección arancelaria que obtienen de las mismas franjas, y, en otros, en los que la protección nominal es menor o de 0%, no han decaído en sus ventas locales, al contrario, las han aumentado.

* La franja de precios encarece el insumo frente a los competidores externos. La gráfica adjunta muestra lo que sucede con el azúcar. ¿Entonces, qué sucede? Que la devaluación del peso frente al dólar encarece las importaciones y eleva los precios. Enhorabuena para el sector agropecuario, que permaneció casi 10 años con un dólar revaluado que abarataba las importaciones, y que le hizo perder el ingreso a todos los productores domésticos de productos agrícolas.

Sin embargo, a la industria le reduce sus amplios márgenes de rentabilidad. Lo que no puede ser es que el Gobierno pretenda compensar un problema cambiario con un ajuste estructural de la política comercial, que solo afectaría a los grandes generadores de empleo para mano de obra no calificada de este país, como es el sector agropecuario, a fin de mantener, aparentemente, la rentabilidad a unas cuantas empresas en cada subsector.

Con todo, la SAC no acepta ni aceptará decisiones en contra del sector, y rechaza la falta de sustento técnico con el que se ha pretendido adoptar estas decisiones.

Rafael Mejía López

Presidente SAC

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