Reflexiones cambiarias: entre JP Morgan, FED y el petróleo

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 29 de 2014
2014-10-29 04:49 a.m.

A lo largo de 2014 el mercado cambiario ha tenido que moverse al son de la dictadura de las expectativas globales, algo que suele ser la norma en la dinámica de los mercados pero que tiende a exacerbarse en períodos de incertidumbre y volatilidad. Lo sucedido con el tipo de cambio en lo corrido del año parece ser un vívido ejemplo de que los países emergente y en desarrollo, como Colombia, son en extremo sensibles a este tipo de dinámicas.

El país inició el 2014 con una senda de depreciación en su tipo de cambio cercana al 6.7% (alcanzando niveles de $2.050 en los dos primeros meses del año frente al $1.927 del cierre de 2013), una senda alcista que se dio en respuesta a tres factores puntuales: i) a las perspectivas de unas mejores condiciones de los países desarrollados frente a los emergentes, lo que derivó en el efecto flight to quality (refugio en la calidad), con unas mejores expectativas de recuperación de la Zona Euro y EE.UU, estas últimas en respuesta al tono más optimista del Banco de la Reserva Federal de EE.UU (FED); iii) a unos mayores niveles de aversión al riesgo en emergentes en medio de la preocupación que surgió en aquel entonces en torno a las economías de Argentina y Turquía (con los consecuentes cambios sustanciales en la percepción sobre el rumbo esperado de los activos de las economías emergentes) y iii) ) a la debilidad de la economía China y la consecuente perspectiva bajista en la senda de los precios de las materias primas (commodities) en el mediano plazo.

Sin embargo, el país no había comenzado a digerir este nuevo respiro que estaba teniendo el sector exportador por cuenta de esta depreciación cuando de forma abrupta las condiciones del mercado cambiaron y la senda se revirtió.

Por un lado, a nivel externo el tono de la FED se tornó a partir de marzo menos “hawkish” (expansivo en términos de política monetaria en medio de unas perspectivas de lenta recuperación), lo que derivó en una menor fortaleza del dólar en los mercados internacionales y en una tendencia de apreciación generalizada en la región.

Pero al tiempo, y en medio de la mayor fortaleza macroeconómica y fiscal del país, apareció en el escenario local el banco de inversión JP Morgan anunciando la inclusión de algunas referencias de títulos de deuda soberana del país en el índice global de renta fija para emergentes. C

on ello, los TES (títulos de deuda pública de Colombia) incrementaron su participación en el índice GBI-EM Diversified de JP Morgan (pasando de 3.24% a 8.05%), una de las principales referencias para los fondos de inversión a nivel mundial. Esto significó una mayor exposición de los títulos soberanos del país y con ello un mayor volumen de influjos de capital de portafolio, lo que contribuyó a acentuar la senda de apreciación que ya se había iniciado a partir de los anuncios de la FED.

El Tipo de cambio, en este nuevo escenario, rápidamente alcanzó su mínimo en el mes de julio, cayendo a niveles de $1.848, lo que representó una apreciación de 10% … un nuevo respiro!!... pero ahora para el sector importador.

Un respiro que, nuevamente, duro poco, ya que los factores que generaron la apreciación del tipo de cambio a partir de marzo (efecto JP Morgan y coyuntura externa) comenzaron a desaparecer a partir de julio-agosto (cuando el mercado ya había descontado los efectos) y se ratificaron en septiembre-octubre con los cambios en las expectativas de liquidez mundial ante el eventual aumento anticipado en los tipos de interés por parte de la FED en EE.UU. (en medio de las nuevas expectativas de recuperación).

No obstante, y de forma casi sincronizada, cuando aún no había llegado a su término el rebalanceo de sus índices de inversión, volvió a aparecer en el escenario JP Morgan con un nuevo anuncio, pero esta vez con una señal contraria, cambiando su recomendación frente a los TES colombianos de ‘compra’ a ‘neutral’, haciendo al tiempo mención de que el tipo de cambio en Colombia parecía estar “bastante valorado”.

Esta nueva recomendación, en la que también sub-ponderó el peso colombiano bajo la premisa de menores flujos de capital entrantes, permeó las expectativas de los inversionistas y del mercado, lo que derivó en el relajamiento de los flujos de portafolio, con episodios de volatilidad en medio de la salida de muchos inversionistas que estaban sobre expuestos en TES locales, lo que se tradujo en presiones de depreciación adicionales en Colombia frente al conjunto de monedas de la región. Como resultado de ello el tipo de cambio comenzó a registrar una nueva depreciación sostenida, alcanzando nuevamente niveles promedio en torno a los 2.040-2.070 en octubre.

No faltaba sino un escenario adicional para completar el panel de presiones alcistas. Y es que a las expectativas de una menor liquidez global, al “efecto JP Morgan” y a la mayor incertidumbre en la dinámica externa asociada al crecimiento de China (con su impacto inherente en la demanda de commodities) se sumó la incertidumbre sobre la dinámica de los precios del petróleo, que ya acumulaba una caída de 22% desde junio (con un WTI cayendo desde USD 103 barril hasta USD 81 barril), contribuyendo a la mayor fortaleza del dólar en el mercado global.

Las expectativas del mercado, en este vaivén de escenarios, se han tenido que reacomodar una y otra vez. En medio de la dificultad de anticipar estos quiebres de tendencia en el que la volatilidad del mercado seguramente ha ido de la mano de la “radiografía de nervios” de los sectores transables (muchos de los cuales no han alcanzado a hacer las coberturas adecuadas), las expectativas del mercado, en el actual escenario global, continúan tornándose alcistas.

En efecto, el mercado continua descontado presiones alcistas sostenidas en un contexto de i) expectativas de mayores tasas en los mercados externos (suponiendo el inicio del retiro del estímulo monetario de la FED y el incremento en tasas a partir de junio-julio); ii) el crecimiento moderado de la economía China y la caída de los precios de los commodities (petróleo y carbón), lo que supondría menores influjos y presiones adicionales sobre el tipo de cambio y iii) una mayor materialización de la recomposición de flujos de inversión hacia economías desarrolladas en 2015.

De manera que este nuevo escenario, ahora factor de preocupación para el sector importador, podría tomar un carácter sostenido y de allí la importancia de que logre adaptarse a esta nueva coyuntura. Hay muchos empleos en riesgo e ingresos de familias comprometidos, particularmente en la mayoría de empresas nacientes y que muchas veces no están preparadas para hacerle frente a este tipo de coyunturas.

Esta preocupación ha comenzado también a inquietar al Gobierno. Y es que, más allá de las nuevas expectativas sobre las condiciones de liquidez mundial asociadas a las eventuales decisiones de la FED, se han sumado las ya señaladas preocupaciones en torno a la caída en los precios del petróleo, hecho que ha conllevado a incrementar los temores no sólo de hasta dónde puede llegar su caída en el nuevo escenario de oferta de crudo mundial (en el que EE.UU. ha comenzado a ser un gran protagonista), sino de sus implicaciones en términos de los ingresos de la nación, de regalías y de la eventual necesidad de una mayor carga tributaria. De este tipo de lecciones (que la “dictadura de los mercados” parece darnos gratis) tendremos que sacar algún provecho. La debilidad del Peso podría ser una constante en el corto y mediano plazo…!

Germán Montoya
Chief Economist. Telefónica-Colombia
german.montoya@telefonica.com

 


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