El reto de la refrendación popular

Buena parte de la opinión pública apoya que se hayan iniciado diálogos con las Farc, pero al mismo tiempo es escéptica acerca de la voluntad real de dicho grupo para suscribir acuerdos finales.

Redacción Portafolio
Opinión
POR:
Redacción Portafolio
noviembre 17 de 2014
2014-11-17 09:20 p.m.

El momento que atraviesan las conversaciones en La Habana está cargado de incertidumbres y hay mucha confusión.

Buena parte de la opinión pública apoya que se hayan iniciado diálogos con las Farc, pero considera que es posible derrotar militarmente a esa organización terrorista. Al mismo tiempo, es escéptica acerca de la voluntad real de dicho grupo para suscribir acuerdos finales. También respalda que se sigan haciendo esfuerzos en Cuba, pues el sueño de la paz es compartido por todos los colombianos.

No obstante, la mayoría rechaza que se consiga a cualquier precio y, por lo tanto, se opone a que se le garantice la impunidad a los integrantes de las Farc que se desarmen y reintegren a la vida civil. Un gran número de ciudadanos tampoco acepta que se les permita la participación en política, y menos aún que participen sin que medie la entrega de las armas.

Por otro lado, cuando se le pregunta a la gente por el nivel de conocimiento que tiene sobre lo que se está haciendo en la mesa de conversaciones, el resultado de la investigación indica que este es mínimo.

A pesar del desconocimiento, lo que sucede afecta las percepciones de los colombianos. Las declaraciones del Gobierno no pasan inadvertidas, al igual que sucede con las manifestaciones de los voceros de las Farc, y es evidente el rechazo que producen sus actos de terrorismo mientras hablan de paz. Y como lo que se presenta es un tire y afloje de expectativas, es muy poca la claridad que se le da a la ciudadanía.

Los desafíos que existen son, en consecuencia, enormes. Ahora bien, en el caso de que se logre un acuerdo total, el reto será encontrar el camino apropiado para su refrendación.

Con el fin de no especular sobre lo que falta, que es bastante y de gran complejidad, los acuerdos parciales muestran que el pueblo colombiano tendría que pronunciarse sobre muchas materias.

Como se requerirían múltiples cambios constitucionales y legales, ¿cuáles son las alternativas que hoy ofrece la Carta en materia de participación democrática?

La institución de la consulta popular, que es una de esas alternativas, sería improcedente, habida cuenta de que a ella se acude para someter al pueblo a ‘una pregunta de carácter general sobre un asunto de trascendencia nacional’.

La magnitud de los temas que contemplaría un acuerdo final entre el Gobierno y las Farc, haría impensable que se convoque a la gente para que diga solamente si o no a la paz.

Pero, aun si se pensara en hacerlo, existe una barrera, vigente en el marco actual, que prohíbe que dichas consultas se realicen sobre asuntos que modifiquen la Constitución Política.

Por otra parte, el plebiscito existe para que los electores se pronuncien ‘sobre las políticas del Ejecutivo que no requieran aprobación del Congreso’. Este mecanismo tampoco sería procedente, puesto que lo que se buscaría sería escuchar a los colombianos sobre los distintos aspectos, muchos por lo demás, que hagan parte integral de un eventual acuerdo.

El camino sería, entonces, un referendo. Pero se trataría de un referendo atípico, en la práctica, porque sería una difícil mezcla de decisiones para derogar y aprobar normas constitucionales y legales, que tocarían todos los niveles de nuestro ordenamiento territorial.

Por otro lado, hay que tener presente que el referendo debe presentarse “de manera que los electores puedan escoger libremente en el temario o articulado: qué votan positivamente y qué votan negativamente”.

¿Se imaginan ustedes las dificultades que enfrentarían los votantes, cuya formación es tan heterogénea, leyendo un gran número de textos legales, antes de decidir acerca de su derogatoria o incorporación al orden jurídico?

Vistas así las cosas, puede concluirse que los mecanismos de participación existentes no son apropiados, bien sea por su naturaleza o por problemas prácticos. Sin embargo, si las conversaciones en La Habana concluyen con un acuerdo final, para aprobar o rechazar lo acordado, no puede pensarse en nada distinto al pronunciamiento popular, previo un debate nacional profundo sobre su contenido.

Habría, pues, que idear un mecanismo nuevo que supere las limitaciones de la consulta y el plebiscito, elimine los obstáculos prácticos del referendo, sin desnaturalizar su carácter vinculante en materia constitucional y legal, y que tenga la fuerza constituyente primaria de las decisiones del pueblo.
Y como se trataría de una institución que no está consagrada en la actualidad, pero que sería necesaria para que los colombianos puedan tomar, con conocimiento e información suficientes, una decisión trascendental, el camino para diseñarla y rodearla de seguridades sería el de un acuerdo político y de Estado.

Político para que comprometa a todas las fuerzas y de Estado para garantizar su estabilidad jurídica.

Carlos Holmes Trujillo
Director, Oficina de Contribución a los Grandes Debates Nacionales, U. del Rosario.

 

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado