‘Ser rico paga’

Nuestras políticas en pro de la igualdad deben ser la mejora de la calidad de la educación temprana, básica y secundaria.

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
abril 24 de 2015
2015-04-24 03:16 a.m.

Brillantes, echados para adelante y superando con tenacidad las barreras de la desigualdad característica de América Latina, los 10.000 beneficiarios del programa ‘Ser pilo paga’ ya están en la universidad. Esperamos con ansia el día en que sus experiencias, las cuales abarcan nuestra realidad social completa, les permitan ser la base del país justo y equitativo que es hora de que tengamos.

Pero nos preocupa que su excepcionalidad se confunda con simple pilera. Para que un joven de estrato 1 o 2 supere los 310 puntos en la prueba del ICFES (es decir, que alcance o supere el percentil 90 en este examen), como exige entre otras cosas el programa de becas, no basta con ser pilo. Hay que sobreponerse, además, a 18 años de educación de baja calidad y aún así dar la talla de contrapartes educadas en colegios privados, bilingües y con todos los recursos necesarios para estimular su florecimiento intelectual. La siguiente gráfica revela el desigual rendimiento en las pruebas del ICFES entre estudiantes de los distintos estratos socioeconómicos:

Mientras que solo el 6 por ciento de los estudiantes de estratos 1 y 2 alcanza o supera el percentil 90, el 51 por ciento de los estudiantes de estratos 5 y 6 logra este nivel. Hay muchos más bachilleres de estratos bajos que de estratos altos, por lo que si mañana mismo becáramos a todos quienes obtienen más de 310 puntos en el ICFES, un 42 por ciento de los estudiantes de primer semestre serían de estratos 1 y 2. Pero en un país en el cual el 77 por ciento de los estudiantes pertenecen a dichos estratos, esto seguiría siendo desproporcionado e inaceptable. Y si tratáramos de dar más oportunidades de educación superior cambiando los requisitos de admisión, solo lograríamos ofrecer programas universitarios de más y más baja calidad conforme aumenta la cobertura: por más que se esfuercen los docentes universitarios para nivelar a los estudiantes que no llegan preparados para la educación terciaria, no es posible remediar en unos semestres un proceso que debió haberse verificado a lo largo de la infancia y la adolescencia.

Los buenos puntajes se concentran en los estratos altos por una razón sencilla: ser rico paga. Desde hace tiempo, el consenso en la economía de la educación es que los retornos al capital humano son mayores entre más temprano se invierta. Es decir, los expertos concuerdan en que la profesora de preescolar de la que usted no se acuerda contribuyó bastante más a su buen salario que su profesor universitario que sabía mucho y echaba buenos chistes. Los niños de ‘estratos altos’ tienen excelente formación en preescolar, primaria y bachillerato, mientras que la mayor parte de la población colombiana no. Lo que tiene son salones con demasiados estudiantes, sin espacio para la atención individualizada, profesores que no reciben reconocimiento social, y que a veces, lamentablemente, no tienen la formación adecuada. Ser rico paga.

La prioridad, la urgencia de nuestras políticas en pro de la igualdad debe ser la mejora de la calidad de la educación temprana, básica y secundaria. Sólo así los estudiantes de bajos recursos podrán competir en condiciones justas con otros bachilleres a la hora de presentarse a la universidad.

Es loable financiar pregrados, maestrías y doctorados, y como profesores universitarios nos complace contribuir a iniciativas de este tipo. Pero si queremos una sociedad en la que ser pilo pague sin importar quién sea uno, no podemos abandonar a más de tres cuartas partes del país durante sus primeros 18 años de vida, y luego esperar que becar a quienes se sobreponen al abandono sea la solución.

Luis Carlos Reyes y Gloria Bernal Nisperuza

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