Salud mental: ausente en objetivos globales de desarrollo

Hay que hacer énfasis en la necesidad de incluir una perspectiva de derechos humanos, pues aún hay discriminación y abuso hacia personas con trastornos mentales en varias regiones del mundo.

Redacción Portafolio
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febrero 25 de 2015
2015-02-25 03:34 a.m.

Los trastornos mentales dan cuenta de una proporción significativa de la carga de enfermedad en el mundo, tanto para países en desarrollo como para los desarrollados. Sin embargo, las políticas globales de salud no han dado respuesta oportuna a este reto. Por ejemplo, la salud mental ha estado ausente de la agenda mundial de los objetivos de desarrollo. Los modelos de atención en se encuentran, con frecuencia, desactualizados y pocos ofrecen un sistema de atención primaria basado en la comunidad, y son escasos los programas de prevención y promoción.

En Colombia, el Estudio Nacional de Salud Mental, realizado hace diez años, confirmó la magnitud del problema. Los datos son preocupantes: una prevalencia de 15 por ciento durante el último año en la muestra estudiada, solo 11 por ciento de quienes cumplían criterios de trastorno mental había acudido a algún servicio de salud, y únicamente 5 por ciento de los casos severos había consultado a un psiquiatra. Se espera que en el 2015 Colombia tenga los resultados del nuevo estudio de salud mental.

En diciembre del 2014, el Seminario Global de Salzburgo y la Universidad de Dartmouth acogieron una reunión mundial con el fin de discutir sobre los nuevos paradigmas para el cuidado en salud mental y en medicina del comportamiento (http://www.salzburgglobal.org/news-media//article/fellows-propose-plans-to-help-mental-health-patients.html). Participaron representantes de pacientes y sus familiares, formuladores de políticas sanitarias, médicos, profesionales de la salud mental, abogados e investigadores. Varios puntos fueron destacados como elementos necesarios para impulsar las nuevas políticas y modelos de atención en salud mental:

1. Énfasis en la necesidad de incluir una perspectiva de derechos humanos, dado que aún existe discriminación y abuso hacia personas con trastornos mentales en varias regiones del mundo. Lograr disminuir el estigma alrededor de los trastornos mentales es un paso crucial para involucrar de manera efectiva a pacientes, comunidades y a los responsables de las políticas de salud. La experiencia del Reino Unido, empleando videos que muestran el testimonio de personas que han sufrido de trastorno mental, fue presentada como una herramienta útil para combatir el estigma, e incluye el reciente lanzamiento de una red en la que las personas pueden compartir sus experiencias (https://www.thunderclap.it/projects/21114-it-gets-brighter).

2. Necesidad de involucrar a los pacientes y a las familias en todos los niveles de decisión en el proceso de atención en salud mental y en la formulación de políticas de salud, asegurar que los desenlaces buscados incluyan los objetivos que son más importantes y significativos para los pacientes. Los pacientes y sus familiares también deben ser empoderados, ya que ellos son un elemento clave para lograr dirigir el sistema de salud hacia un modelo centrado en el paciente y ajustado al contexto cultural.

3. Importancia de integrar los servicios en el nivel primario de atención, de manera que la medicina del comportamiento y la salud mental se articulen con otros servicios médicos. Por razones históricas, la atención en salud mental ha funcionado independiente de los otros servicios médicos. Ello ha dado lugar a una brecha en la atención en salud descrita como ‘una medicina sin mente o una mente sin cuerpo’. Se debe promover un modelo de atención integrado, y es el nivel primario el lugar ideal para lograrlo.

4. Las nuevas tecnologías móviles como un medio para mejorar la atención en salud mental. Las ventajas potenciales de la tecnología móvil incluyen una menor barrera de acceso derivado del estigma, cobertura más amplia, mejor seguimiento y mayor participación del paciente en el tratamiento.

5. El modelo de recuperación, aún para los casos de trastornos mentales severos, permite alcanzar mejores desenlaces y una participación más activa de los pacientes. Un ejemplo de ello son los programas de inclusión laboral, en los cuales el objetivo es que los pacientes logren empleos en el mercado laboral competitivo. Un programa de inclusión laboral requiere un esfuerzo y compromiso intersectorial y el diseño de nuevas formas de financiamiento que vayan más allá del pago por servicio.

Cabe anotar que la Declaración de Caracas, adoptada en 1990 por la Conferencia sobre la Reestructuración de la Atención Psiquiátrica en América Latina, ya contenía muchos principios novedosos, en especial el de centrar la atención en un modelo comunitario basado en la atención primaria. Sin embargo, la implementación de estos principios ha sido lenta, y no se han cumplido los objetivos planteados desde entonces. En Colombia, ha habido avances importantes: la nueva Ley 1616 de 2013, o Ley de Salud Mental, brinda una base para un sistema de salud mental efectivo y de amplio alcance. Aun así, es necesario un nuevo impulso para poner en marcha un modelo de atención más integral.

Finalmente, entre los resultados del encuentro se destaca la decisión del grupo de apoyar una proposición, llamando a la inclusión de la salud mental en la discusión de los nuevos objetivos globales de desarrollo sostenible.

José Miguel Uribe

Consultor de la Iniciativa SaluDerecho del Banco Mundial

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