Santos vs. Zuluaga en Economía

El Gobierno Santos está aplicando, al centímetro, la receta ordenada por los organismos internacionales, mantenernos en productos primarios y firmar cuanto TLC nos ofrecen.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
mayo 22 de 2014
2014-05-22 04:54 a.m.

Sin lugar a dudas, las dos mayores diferencias entre las políticas económicas planteadas por Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga son, ni más ni menos, que los dos ejes centrales que a través de la historia económica mundial, han sido los factores definitivos para establecer la calidad de vida de los países que han optado por uno u otro camino. Me refiero a la industrialización y el grado (y estructura) de protección de las economías.

Los países ricos, a través de su historia, lo han hecho mediante la industrialización y la protección de sus fortalezas estratégicas, mientras que los Estados que hoy somos pobres nos hemos mantenido en la producción y comercialización de productos primarios, acabando con sus ecosistemas y dedicándonos a negocios poco rentables y sostenibles, así como desprotegiéndonos inocentemente ante el desigual e injusta globalización comercial que explica el gap entre ricos y pobres. (Principal mal del capitalismo y concretamente de nuestro país).

Revisando la historia económica y monetaria internacional, observamos cómo Inglaterra (hace 250 años) y Estados Unidos (hace 150), usaron recetas muy parecidas, industrializaron sus economías y protegieron sus productos (incluso con subsidios y cierre de importaciones). Curiosamente esta es la misma fórmula que están utilizando algunos países en Asia, y que tanta ampolla causan en las naciones de Occidente; y, aún más curioso, lo que nos piden los organizamos internacionales es “no hacer lo que ha funcionado”. Parece que la intención es que sigamos dedicados a trabajar en productos primarios, poco rentables y finitos, y a abrir nuestras economías sin chistar.

Después del año 1600, el comercio internacional empieza a tomar gran importancia, principalmente, por el desarrollo marítimo, que si bien es cierto era muy riesgoso, también bastante rentable. Esta época, que va hasta 1800, aproximadamente, se conoce como Mercantilismo y era caracterizada por proteccionismo de los gobiernos en el comercio, incluso con argumentos militares.

Es importante recordar que en esta etapa se presentaba un dominio de los países madre sobre sus respectivas colonias, y se empezó a desarrollar un comercio internacional caracterizado por las injusticias hacia los Estados dominados, donde tenían que vender a sus dominantes los productos agrícolas y minerales a precios bajos y comprar los productos terminados a precios altos, de manera exclusiva, al margen de mejores condiciones que pudiesen existir en otros países. Por acá, empezamos a encontrar los primeros indicios, por ejemplo, para que Latinoamérica se especializara en productos poco rentables y de ingresos decrecientes.

En síntesis, el mercatilismo era una alianza implícita entre el Gobierno y los comerciantes, con una apertura conveniente del comercio internacional y al, mismo tiempo, un alto grado de proteccionismo de los mercados locales y productos nacionales a la producción extranjera.

¿Esto funcionó? Sí, pero solo para Europa Occidental (especialmente, Inglaterra después de su victoria sobre Napoleón en 1815). Cualquier parecido con la realidad actual, no es mera coincidencia.

En el siglo XIX, la economía creció más que en los últimos 750 años, atada, en buena parte, al crecimiento del comercio internacional, y generó también, como nunca antes, una distancia entre ricos y pobres, matizada por niveles altos de industrialización en aquellos que tomaron la delantera.

Nuevamente, la historia nos revela la misma escena: distancia entre ricos y pobres en escenarios de libre comercio, y destacando también, de manera importante, la similitud del comienzo del siglo XX con el comienzo del siglo XIX: grandes avances tecnológicos, libre comercio, ricos más ricos y pobre más pobres, crisis profundas (1929 y 2008), incremento del descontento social (sindicatos en 1900, e indignados en la actualidad), entre muchas otras similitudes.

Quizás, el efecto más importante de la primera guerra mundial fue el cambio de liderazgo en el planeta, ya no iba a ser más Inglaterra, sino que Estados Unidos quien entraría a ser el que pusiera las reglas a nivel internacional.

Lo que me parece más importante de resaltar es cómo Estados Unidos emerge como el líder del planeta, con medidas proteccionistas, de la misma manera como lo hizo Inglaterra un siglo atrás. Esto nos muestra un patrón: el crecimiento de un país va atado a la protección de sus industrias y de sus negocios principales de la competencia internacional, y no a la liberación indiscriminada y descontrolada que hoy organismos, como el Fondo Monetario Internacional, tratan de imponer de manera imperativa a las economías de los países emergentes.

En conclusión, el Gobierno Santos está aplicando al centímetro la receta ordenada por los organismos internacionales, mantenernos en productos primarios y firmar cuanto TLC nos ofrecen, y la propuesta de Zuluaga es claramente diferente en estos dos frentes: propone industrializar, especialmente el agro y congelar la firma de TLC por 4 años, y revisar los existentes.

César Augusto Carrillo Vega
Gerente de U de Capitales

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