El sector asegurador colombiano en dos décadas

Redacción Portafolio
POR:
Redacción Portafolio
septiembre 26 de 2013
2013-09-26 04:18 a.m.

Hace 20 años no pude visualizar correctamente la magnitud de las transformaciones que han sucedido en el mundo y en nuestro país; esa falla no es extraña: es difícil anticipar las grandes discontinuidades y rupturas del curso histórico. Por el contrario, tendemos a creer que el futuro será la proyección de las tendencias que observamos hoy.

En 1993, era impensable imaginar que una persona estaría en el aeropuerto y que, simultáneamente, con su teléfono móvil pagara sus tarjetas, hablara con amigos en México, viera la repetición de los goles de la Liga Española y se enterara de los resultados de las bolsas del mundo. No podía anticipar, por ende, el enorme desarrollo de Internet y, como subproducto suyo, de las redes sociales.

Para el caso del negocio asegurador, vale la pena aclarar que este está segmentado en dos grandes líneas, una de personas (vida) y otra de daños (generales), las cuales, a pesar de sus semejanzas, tienen particularidades que las hacen especiales y son la base de cualquier ejercicio prospectivo del sector. Los seguros de daños están asociados a la protección del patrimonio o bienes y son, por lo general, productos de corto plazo, como el seguro del auto o el de incendio, y los de personas, que como su nombre lo indica, cubren riesgos relacionados con la vida o salud; por lo tanto, son, en general, de largo plazo.

Es claro que los temas de los seguros de personas en el 2033 estarán estrechamente ligados al riesgo de longevidad. En 20 años, gracias a los desarrollos científicos en los cuidados médicos y las caídas en las tasas de fertilidad (en 1970 una mujer tenía entre 4 y 5 hijos, para el 2030 tendrá 2), la gente vivirá más y los adultos mayores serán cada vez más, y se pensionarán después de los setenta años. Ellos son, en algunos casos, debido a cambios socioculturales, estarán en situación de dependencia y requerirán asistencia para el desarrollo de sus actividades básicas.

Los retos de la longevidad implican no solo la necesidad de definir mecanismos que permitan una adecuada fuente de ingresos para cubrir el ‘envejecimiento del envejecimiento’, es decir, será inevitable no solo pensar en generar mayores niveles de ahorro y nuevos productos financieros, sino en desarrollar seguros de dependencia que ya existen en países desarrollados, con el fin de que el Estado no asuma toda la carga fiscal de personas que requieren atención especializada.

Además de longeva, será una población numerosa. En un estudio de Daniel Franklin y John Andrews, publicado por The Economist, y que presenta los grandes cambios mundiales para el 2050, se sostiene que la población será superior a 9.000 millones de personas, cuando en el pasado se necesitaron 250 mil años para llegar a los 1.000 millones y 33 años (entre 1927 y 1960) para 3.000 millones.

Por su parte, en los seguros de daños, el riesgo climático también forzará al Estado a implementar políticas públicas más agresivas para disminuir su vulnerabilidad fiscal, haciendo que las coberturas para el agro, la infraestructura y la población menos favorecida alcancen su punto más alto, y así como en la actualidad existe una norma de construcción sismorresistente, en 20 años tendremos en el país una norma de construcción que tenga seguros obligatorios para incendios e inundaciones.

Como elemento común entre los seguros de personas y daños, estaremos en un mercado inclusivo, donde comprar una póliza será más fácil de lo que es hoy ver en el celular la repetición de los goles de la Liga Española, y en el que los avanzados sistemas de información permitirán que las compañías identifiquen fácilmente las necesidades de sus asegurados y tarifen de manera más técnica el riesgo.

El desarrollo de la tecnología informática continuará siendo un factor transformador y tendrá efectos positivos en el desarrollo de la sociedad y del seguro; de esta forma, la nanotecnología permitirá nuevos métodos de diagnóstico en medicina, entenderemos la composición del universo con los avances en la física de partículas, el conocimiento detallado del genoma humano facilitará una adecuada selección de riesgos y tarifación en seguros de vida, y los desarrollos en el campo automotor reducirán la siniestralidad de ramos como el de autos, con la existencia de mecanismos automatizados de conducción que le permitan al conductor definir la ruta sin manejar, permitiéndole incluso ‘conducir’ con tragos y sin riesgo. Bajo el último escenario, en el caso del seguro de autos, se debería migrar a esquemas de protección diferentes a los actuales.

Estos mismos avances plantearán una serie no menos compleja de inquietudes sociales y de riesgos que no son fáciles de cuantificar. ¿Podría un hombre, que se considera sano, a quien se le ha detectado un gen que lo hace proclive a la catalepsia, ser piloto de un avión comercial? ¿Se le debería expedir una póliza de salud a este hombre? ¿Qué pasaría si organizaciones terroristas utilizaran nanotecnología para dañar la infraestructura de sistemas de una entidad del gobierno?

La tercera década de este siglo se ve interesante en el mundo y en el desarrollo del sector asegurador, que va de la mano con el progreso educativo, tecnológico y social. Espero, en lo personal, que para ese momento más colombianos sean conscientes de la necesidad de protegerse de los riesgos a los que están expuestos, y, muy especialmente, que sus hijos y los míos estén disfrutando de un país en paz.

Jorge Humberto Botero

Presidente Fasecolda

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado