¿Para qué sirven los programas?

Jóvenes creen que Mockus no es 'político' a pesar de que lleva 20 años en el ajetreo electoral que l

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
abril 28 de 2010
2010-04-28 12:41 a.m.

La política colombiana se sigue moviendo en el terreno de lo puramente emocional. En 1998, Horacio Serpa ganó la primera vuelta de la elección presidencial, derrotando por estrecho margen a su rival Andrés Pastrana. Por esas extrañas movidas de nuestra historia, Serpa fue uno de los autores en la Asamblea Constituyente de la doble vuelta para la elección presidencial.

De haber regido en el 98 la norma de la Constitución de 1886 que él ayudó a cambiar, Serpa hubiese sido presidente. En la segunda vuelta, Pastrana fue más ágil e hizo creer que con él se conseguiría una paz negociada con las Farc y resultó derrotando, desde la derecha, a un candidato de centro izquierda, con el implícito apoyo de la guerrilla, que con gestos como el regalo de un reloj, hizo creer que con Pastrana llegarían muy pronto a un acuerdo de paz.

Aparte de ese episodio, nadie recuerda cuál fue la propuesta de Pastrana en materia de salud, empleo o educación, que sedujo a los electores. Cuatro años después y como reacción al fracaso del Caguán, los mismos electores llevaron a Álvaro Uribe a la Presidencia, porque consideraban que era el candidato que acabaría con las negociaciones y derrotaría de manera rápida a la guerrilla en el terreno militar.

Fuera de las dos frases sobre "acabar con el Caguán" y de "lucha contra la corrupción y la politiquería", nadie recuerda los famosos 100 puntos de campaña de Uribe. Se había comprometido a volver el Congreso unicameral. No lo hizo. Se había opuesto a la reelección inmediata y terminó haciéndola aprobar en su propio beneficio. Había prometido acabar con el Consejo de la Judicatura. No lo cumplió. La lucha contra la corrupción y la politiquería -caballito de batalla de todos los candidatos- se convirtió en un mero enunciado sin contenido.

Bastaría con recordar solamente algunos de los casos de corrupción ocurridos durante estos ocho años y de los que han sido protagonistas funcionarios o parlamentarios amigos del Gobierno.

Hasta hace cuatro meses era frecuente oír de manera reiterada que el dilema era "continuación de Uribe o catástrofe", y que nadie estaba en capacidad de reemplazarlo. Hoy, encabeza los sondeos de opinión Antanas Mockus, a quien perciben como un candidato distinto a Uribe y lo que ha significado su Gobierno. Como en todos los casos anteriores, a nadie le interesa saber qué piensa el candidato sobre el tamaño del Estado, el grado de intervención en la economía, el alcance de la educación pública, el manejo de las relaciones internacionales, el salario mínimo, el desempleo o el sistema judicial, para citar sólo unos cuantos temas.

Pasamos fácilmente de un caudillismo a otro. Nadie recuerda que Uribe fue elegido bajo la sigla de un partido Primero Colombia, o el auxilio de Colombia Democrática, agrupaciones que hoy prácticamente no existen. Así como seguramente en poco tiempo desaparecerá el Partido Verde, que nada tiene que ver con los partidos que, bajo ese nombre, en Europa tienen como bandera principal la defensa del medio ambiente. Uribe se vendió ante los electores como distinto a los políticos tradicionales olvidando que había sido uno de ellos y que fue apoyado por la mayoría de los caciques conservadores, y buena parte de los liberales.

Muchos jóvenes creen que Mockus no es 'político' a pesar de que lleva 20 años en el ajetreo electoral que le ha permitido ser dos veces Alcalde de Bogotá, candidato a la misma Alcaldía y tres veces a la Vicepresidencia y Presidencia, con organizaciones tan disímiles como Sí Colombia, de su ahora rival Noemí Sanín, o de la Alianza Social Indígena. ¿Para qué se desgastarán los candidatos haciendo 'programas de Gobierno' que a nadie importan?

gomezgomezabogados@cable.net.co

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