La sociedad poscrisis

Comprender adecuadamente los cambios que la crisis dejará, determinará el éxito o el fracaso de much

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
julio 01 de 2009
2009-07-01 11:25 p.m.

Los titulares de la prensa económica internacional evidencian que los mercados se están comportando como un electrocardiograma, que sube y baja conforme al palpitar de los inversionistas.

A diferencia de meses atrás, donde estas fluctuaciones conducían a reacciones desesperadas, un sentimiento de esperanza o resignación motiva a pensar en lo que ocurrirá una vez se calme la turbulencia económica.

Está claro que la salida de la recesión no será rápida y que la euforia previa a la crisis, cimentada en un apalancamiento desbordado del sistema financiero internacional será cosa del pasado, ¡por fortuna! Pero es importante entender que el entorno poscrisis nos conducirá a un nuevo mundo, para el cual es necesario irse preparando.

Comprender adecuadamente los cambios que la crisis dejará, determinará el éxito o el fracaso de muchas decisiones que se tomen, tanto en el sector público, como en el sector privado durante los próximos años.

Entre los cambios más importantes está enfrentarnos al nuevo consumidor estadounidense. Su apetito ya no será voraz ni mucho menos soportado por un excesivo nivel de endeudamiento. Las familias norteamericanas han perdido en capital, durante los últimos dos años, el equivalente a doce veces el PIB de Brasil, el mercado hipotecario tardará años en recobrarse y el desempleo llegará al 10 por ciento para finales del año. Esto, por supuesto, nos indica que el principal motor de la economía mundial se recuperará lánguidamente.

La crisis también nos dejará con gobiernos altamente endeudados. Tanto en los países ricos como en las economías emergentes, los planes de estímulo dejarán déficit fiscales alarmantes que deberán ser enfrentados por nuevas generaciones con más impuestos o con reducciones sustanciales de gasto público. También es claro que muchos países tendrán la temible tentación de hacerle frente al endeudamiento licuando deuda por la vía de la inflación, lo cual afecta principalmente a los hogares de menor ingreso.

En cuanto a las economías emergentes, los próximos años traerán cambios estructurales. La demanda por exportaciones será inferior a la experimentada durante los últimos periodos, derivado de una menor demanda agregada por parte de las economías más desarrolladas. Los flujos de remesas se verán afectados por la situación de empleo en E.U. y el endurecimiento de las normas migratorias para proteger los puestos de trabajo de nacionales estadounidenses. A esto hay que agregarle que los canales de crédito en los mercados internacionales se harán más escasos y a menores plazos por la excesiva demanda de financiamiento proveniente de los países de la Oecd.

Otro de los efectos con los cuales tendremos que convivir se refiere a un nuevo paradigma sobre la regulación y el papel del Estado. Las normas y legislaciones financieras en los países del G-8 serán replicadas en todo el mundo e implicarán mayores costos operacionales que serán cargados a los usuarios. La Banca multilateral recuperará el protagonismo perdido y jugará más que nunca un papel protagónico en la provisión de financiamiento en regiones como América Latina, Asia y África.

América Latina se enfrenta a un mundo en el cual viejos paradigmas deberán ser revisados. Creer que los consumidores en E.U. seguirán siendo el motor del crecimiento continental, que por la vía de las exportaciones saldremos adelante y que el financiamiento internacional estará disponible para atender las demandas públicas y privadas es desconocer los cambios de la sociedad poscrisis. 

ivanduquemarquez@gmail.com

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