‘Swissleaks’: una perspectiva suiza

Debería haber un tratado entre países para revelar los datos por evasión fiscal, porque esta no es como delito penal en Suiza.Desde el punto de vista de la cultura judicial: ¿Debería un gobierno usar discos robados como fuente de información? ¿Eso favorece la confianza entre el público y el Estado?

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
febrero 12 de 2015
2015-02-12 02:22 a.m.

La fama como paraíso de evasión fiscal y lavado de dinero ya existía antes de ‘Swissleaks’. Varias películas de James Bond se dieron el gusto de caricaturizar los banqueros suizos como ayudantes serviles de la delincuencia. También en la arena política, una cuenta bancaria suiza significa: peligro! El presidente Obama acusó a su oponente en las elecciones presidenciales, Mitt Romney, de tener una tal cuenta. Ahora, tras las revelaciones de ‘Swissleaks’, incluso se desató una polémica en la red sobre la cual Álvaro Uribe comentó que sus hijos no tenían cuentas en Suiza.

Despacio! Cuando un escándalo involucra a los adinerados del mundo, muchos medios de comunicación olvidan los principios básicos de la profesión: Hay que distinguir entre hechos y opiniones, y al invadir la esfera privada de una persona, los motivos tienen que ser muy buenos. Cuál es el interés público de que Fernando Alonso tuvo una cuenta en determinado banco hace casi una década (además si no hay ningún proceso en contra de él)? No se nos olvide: el ‘Swissleaks’ se originó en un robo de datos por un empleado hace ocho años, cuyo uso - así noble sea la motivación - es un tipo de receptación.

El banco mundial HSBC, cuya sede principal se encuentra en la patria de James Bond, en Londres, tiene una sucursal en Ginebra, Suiza. Como muchos bancos Suizos, se dedica al ‘Private Banking’, la gestión de los patrimonios personales de los adinerados del mundo. Este negocio tiene una gran tradición en Suiza de la cual se benefició, entre otros, la resistencia sindical contra Hitler en los años 30 y 40. Alrededor del año 2000, los bancos suizos administraban más del treinta por ciento de esos patrimonios.

Desde los años 90, Suiza tiene una ley contra el lavado de dinero estricta, cuya imposición ha estado objeto de investigaciones periódicas por el Grupo de Acción Financiera (Gafi) de la Ocde. En el último informe de prueba consta que “Suiza puede ser juzgado como conforme en su mayor parte”. ¡No existe un mayor centro financiero en el mundo con una clasificación superior!

De ser así, ¿cómo puede aparecer un marchante de ‘diamantes de sangre’ africanos en la lista de clientes del HSBC? ¿Cómo puede el guardaespaldas de Hugo Chávez tener un patrimonio de varios millones de dólares en Ginebra?

La ley suiza exige a cada institución financiera pedir a sus clientes informaciones acerca de la procedencia de su dinero. En caso de tener alguna duda respecto a la legalidad de las fuentes, tiene que informar a las autoridades - el incumplimiento califica como acción penable y ya muchos banqueros han perdido su trabajo y su honra debido a eso. Obviamente que el nivel de conformidad con ese reglamento varía entre empresas y también entre asesores de clientes. Las informaciones obtenidas hasta ahora en el ‘Swissleaks’ demuestran que se trataba de un problema de conformidad en la sección del banco HSBC en Ginebra responsable por Europa Mediterránea e Israel (Medis), cerrada por el propio banco en 2012 - tres años antes del escándalo público. La mayoría de las personas en el sector financiero afirman que la sensibilidad en cuanto a la ley contra el lavado de dinero ha aumentado considerablemente desde el robo de datos en 2007.

En un artículo de ayer, El Tiempo informa que la Dian “le pidió colaboración a Suiza, pero, al no existir ningún acuerdo con ese país, es casi imposible que se acceda a la información por esa vía”. Como si el gobierno Suizo tuviera acceso a todas las informaciones bancarias sin que haya una sospecha concreta de un crimen penal! En caso de tener motivos para creer que determinada persona esconde dinero de procedencia criminal en Suiza, existe un tratado de asistencia judicial en materias penales entre los países. Este tratado no aplica a la simple evasión fiscal, porque esta no califica como delito penal en Suiza.

Desde el punto de vista de la cultura judicial: ¿Debería un gobierno usar discos robados como fuente de información? ¿Eso favorece la confianza entre el público y el Estado? Recuérdese que la anterior ministra de finanzas francesa, Christine Lagarde, brindó una copia de los datos a su homólogo en Grecia y desaparecieron de manera misteriosa varios nombres, antes de poder ser evaluada por la fiscalía griega. Para muchos clientes que prefieren tener una parte de su dinero en el exterior, el motivo no es tanto la evasión fiscal, sino una falta de confianza en las instituciones legales de su propio país. Suiza ha logrado establecerse como un Estado de derecho que inspira confianza, no solo a los empresarios e inversionistas, sino también a los propios ciudadanos.

Esos aspectos tal vez son menos espectaculares que una docena de criminales divulgadas por el ‘Swissleaks’, no obstante, recordemos el último caso parecido, llamado ‘Offshore Leaks’ hace quizás un año: Ahí se publicó que los hijos de Uribe habían fundado empresas en jurisdicciones ‘Offshore’. Después de unas aclaraciones y de pocos días, la sustancia del escándalo se había evaporado.

Florian Schwab

Redactor de Economía y Comercio ‘Weltwoche’, Zurich

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