La Tercera Vía: pregúntenle a Michelle Bachelet

Lo único que Colombia no necesita es otra fuente de conflictos, y estos van a nacer si en vez de derechos económicos sociales, políticos y ambientales, el Estado se sigue limitando a dar limosnas para compensar la falta de ofertas, de manera sostenible, para que la gente progrese.

Redacción Portafolio
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julio 14 de 2014
2014-07-14 12:25 a.m.

A raíz del encuentro de expresidentes y exprimeros ministros que convocó el presidente Santos, bajo el tema de la Tercera Vía, se ha reabierto la discusión sobre cómo se desarrollan las sociedades. ¿Es realmente esta la concepción novedosa que es la alternativa al modelo económico que ha imperado por décadas en Colombia, en América Latina y en muchos países del mundo? Su fórmula “tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”, da un solo mensaje claro para quienes creemos que el neoliberalismo no es la salida: sí se requiere Estado porque el mercado solo no se autorregula, y sí genera consecuencias severas sobre la distribución de los beneficios del desarrollo. Pero de ahí en adelante, esta simplicidad de su premisa da para todo.

Por ello, resultaría interesante preguntarle a la actual presidenta de Chile, Michelle Bachelet, qué opina de la Tercera Vía. Chile, reconocido como la economía más exitosa de América Latina, se toma como uno de los mejores ejemplos de lo que sería la Tercera Vía. Por lo menos así se ha presentado en el mencionado encuentro en Cartagena. Sin duda, las cifras que recoge, nada menos que el Financial Times, así lo demuestran. La clase empresarial chilena, tan o más conservadora que la colombiana –lo que parece imposible– y gran beneficiaria del crecimiento en las últimas décadas, declara lo sucedido en Chile, en ese periodo, como ‘el milagro chileno’.

La verdad es que este país pasó de ser ‘uno de los más pobres de la región’ a uno de los ‘más ricos’, como anota el reconocido medio británico. Y agrega que el ingreso per cápita se ha cuadruplicado en tres décadas hasta llegar a casi 20.000 dólares. Sin embargo, esa estrategia que, sin duda, modernizó a Chile, pero, como dijo uno de los asesores de los gobiernos chilenos, “se le dio mucho a los pobres, pero le dio más a los ricos”, generó desde el 2006 unas movilizaciones de estudiantes y clases medias, que se aceleraron en el Gobierno de derecha que antecedió al actual.

Una revolución de los menos favorecidos se ha venido expresando y muestra de ello es la frase de la propia presidenta Bachelet, quien reconoció que, “hay un pesimismo enorme”, agregando que, “y quizá es verdad que al final la misma gente sigue perdiendo y la misma gente sigue ganando”. Surge, entonces, la necesidad de evaluar si esta versión de la Tercera Vía es la solución real, o si, como lo demuestra la experiencia chilena, esa fórmula gaseosa de ‘tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea deseable’, no resuelve las profundas necesidades de estas sociedades tan desiguales que, como dice el economista francés Thomas Piketty, genera el capitalismo del siglo XXI.

Oportuna reflexión para Colombia, para que no se tome la Tercera Vía como se ha entendido hasta ahora: aquella fórmula mágica para construir la paz en el país, como lo recomienda Guillermo Perry. Con todo el respeto que me merece este connotado economista, lo que está viviendo Michelle Bachelet confirma que no basta crecer, generar un PIB per cápita envidiable y firmar los mayores tratados de libre comercio posibles, si los beneficios no se distribuyen equitativamente. Precisamente, por el crecimiento que esta fórmula puede generar, si los derechos de educación y salud no son equitativamente distribuidos, se generará a la par de la bonanza, una revolución de los inconformes.

Por eso, no solo vale hacerle la pregunta crítica a la actual Presidenta chilena, sino seguir de cerca lo que trata de hacer ahora con la moderna Chile. Como también afirma el Financial Times, “Bachelet es quizá la jefe de Estado más visible que ha lanzado un plan para atacarla (la desigualdad)”. Todo esto demuestra que las versiones anteriores de la Tercera Vía aplicadas en Chile –y que sacaron al país de su pobreza–, no son suficientes para consolidar un crecimiento alto y sostenible.

Cuando la presidenta Bachelet se enfrente de manera serena al mayor reto de su vida, que consiste en convertir a su país –casi tan desigual como Colombia–, en una sociedad equitativa y más justa –y no solo moderna para los sectores privilegiados–, ahí sí Colombia tendrá una gran oportunidad. Podrá aprender del país más exitoso de América Latina, bajo el entendido de que no basta crecer, sino que es fundamental distribuir. Y en estos periodos que se vienen de construir un ‘país distinto’, no dejar para después distribuir, que es lo que pareciera que desean los que todo lo tienen.

Lo único que Colombia no necesita es otra fuente de conflictos, y estos van a nacer si en vez de derechos económicos sociales, políticos y ambientales, el Estado se sigue limitando a dar limosnas para compensar la falta de ofertas, de manera sostenible, para que la gente progrese. Más de 15 millones de pobres recibiendo limosnas calma, pero no resuelve las frustraciones de una sociedad que, como dijo un dirigente mundial, ya sabe cómo viven los ricos.

No basta crecer al 5 por ciento durante dos décadas si no generamos una forma digna para que la población pobre y de clase media logre tener las oportunidades de trabajar y generar ingresos por sí mismos. Y el país está a años luz de lograr ese objetivo con esta educación pobre para pobres, mínima seguridad social y una salud que no mejora la calidad de la atención en estos sectores. El primer mensaje de que el país aprenderá la lección de Chile, lo dará el Presidente con el nombramiento de su nuevo gabinete. Por favor, para no equivocarse de nuevo, señor Presidente, pregúntele a la presidenta Michelle Bachelet.

Cecilia López Montaño

Exministra – Exsenadora

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