Traduciendo dinero en cuidado: una actividad muy productiva

Necesitamos equilibrar la balanza. Para darle a las actividades de cuidado la relevancia que merecen, necesitamos voluntad política e incluirlas en el cálculo del PIB.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
octubre 08 de 2015
2015-10-08 12:33 a.m.

Para que un hogar funcione y florezca es necesario generar un ingreso. Pero también es necesario transformar ese ingreso en labores de cuidado: oficios del hogar y cuidado de niños, enfermos, adultos mayores. El trabajo que se realiza en el mercado laboral es valorado: se obtiene un ingreso a cambio y es socialmente más prestigioso. También se contabiliza dentro del PIB cada año.

El trabajo que se hace en el hogar, en cambio, tiene muy poca visibilidad y se valora poco. Al preguntarle a un ama de casa a qué se dedica, con frecuencia contesta: a nada, soy ama de casa. Incluso, alguna me contestó: ¡soy una feliz mantenida! Estas respuestas demuestran el problema, las actividades de cuidado no se consideran trabajo a pesar de ser altamente productivas e indispensables.

Las labores de cuidado que no son remuneradas, no hacen parte del cálculo del PIB. Si dicto una hora de clase en la universidad, se incluye dentro del PIB, pero si me quedo en casa, enseñándole matemáticas a mi hija, no se incluye en el cálculo del PIB, aunque es una actividad altamente productiva.

Las labores de cuidado serían la rama de actividad económica con mayor participación, si se incluyera en los cálculos del PIB. Según el Dane, el cuidado representaba 20,4 % del PIB en el 2012; esto está por encima del sector financiero (17,9 %), y del de servicios sociales (15,2 %), que son las ramas con mayor participación.

Las mujeres colombianas han aumentado sustancialmente su participación laboral, pero siguen teniendo la mayoría de la carga del cuidado: casi 80% de las horas dedicadas a labores no remuneradas fueron realizadas por mujeres. Al sumar las horas dedicadas a trabajo remunerado y no remunerado, las mujeres en Colombia trabajamos 11 horas más a la semana que los hombres. Esto se traduce en peor calidad de vida, especialmente para las más pobres. Esta pesada e importante carga no les permite a las mujeres la libertad de brillar en el mercado laboral.

Las tareas de cuidado son tan poco valoradas que las empleadas domésticas tienen las peores condiciones laborales, en términos de salarios y acceso a seguridad social. Hay valiosos esfuerzos por parte de activistas como María Roa, quien ha ayudado a visibilizar a este grupo. Actualmente, está en trámite una ley para pagarles prima –la que disfrutan el resto de empleados formales del país–.

Necesitamos equilibrar la balanza. Para darle a las actividades de cuidado la relevancia que merecen, necesitamos voluntad política e incluir estas actividades en el cálculo del PIB. Equilibrar la balanza implica también hacer cambios profundos en casa: distribuir de manera más equitativa las labores de cuidado. Si las mujeres queremos tener algo de tiempo libre, o participar más en el mercado laboral, necesitamos empezar a tener conversaciones incómodas en casa y criar a nuestros hijos distinto. Mi hija me pregunta: “¿te ayudo a recoger los platos de la mesa, mami?”. No me tienes que ‘ayudar’, recogerlos es responsabilidad tanto tuya como mía.

Necesitamos que el Gobierno dirija más esfuerzos a ayudar en el cuidado. La estrategia De Cero a Siempre ha generado avances sustanciales, en términos de cobertura en el cuidado de niños. El cuidado de adultos mayores y personas en situación de discapacidad, en cambio, está mucho menos generalizado. Es urgente mejorar los programas existentes y aumentar cobertura, pues la población colombiana está envejeciendo.

También sería bueno dar una mano a los hogares con los oficios del hogar, pero hay que pensar soluciones más creativas. Los temas fundamentales son preparar comida, arreglar y limpiar la casa y lavar la ropa. Es urgente pensar cómo ayudar a los hogares en la preparación de comida, para evitar la epidemia de obesidad que se observa en países como Estados Unidos y México, y que ya se empieza a ver en Colombia.

En términos de lavar la ropa, estamos trabajando en conjunto las universidades de los Andes y de Pennsylvania, Haceb y su Fundación, la Fundación Éxito, la Fundación Social e IQuartil, en un proyecto en el cual se rifan lavadoras en grupos de hogares de bajos recursos, para alivianarles la carga. Una lavadora puede reducir el tiempo dedicado a lavar ropa en más de seis horas a la semana, y se puede usar para estudiar, pasar tiempo de calidad con los hijos, conseguir más ingresos, o incluso descansar. Además, entrenamos a todos los miembros del hogar en el uso de la lavadora, especialmente a los hombres, para ver si logramos una mayor participación masculina en este oficio. En el futuro queremos ensayar una versión de lavadoras comunitarias y otra de alquiler de lavadoras, para determinar cuál es la mejor solución para ayudar a las familias.

Muchos estamos emocionados con la posibilidad de la firma del Acuerdo de paz con las Farc. Entre las políticas de posconflicto es necesario recordar que, independientemente de en qué bando estaba alguien, la sociedad se compone de familias y siempre es necesario realizar labores de cuidado. Pensar seriamente en políticas que ayuden a los hogares es necesario para ayudar a construir la Colombia justa que todos queremos.

Ximena Peña

Profesora de la Universidad de los Andes

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