Tumaco se niega a naufragar

La ‘Perla del Pacífico’ requiere del esfuerzo de toda la nación para reivindicar una deuda que tiene muchos años. Esta población, que también es Colombia, no puede continuar abandonada.

Redacción Portafolio
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Redacción Portafolio
agosto 31 de 2014
2014-08-31 10:33 p.m.

Los modelos de negocio debidamente estructurados y articulados con la acción humanista tienen un componente sine qua non, que su desarrollo productivo se cumpla en las mejores condiciones del entorno. Esta ha sido una preocupación constante de la Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite (Fedepalma) y, por ello, se han proveído y adelantado diversos programas para acompañar y dotar a los productores de los cimientos que les permitan realizar sus labores sin menoscabo de su desarrollo personal y familiar.

La degradación social que se vive en la llamada ‘Perla del Pacífico’, Tumaco, ocasionada por el abandono del Estado, de las acciones de los violentos, de quienes manejan el negocio del narcotráfico y de la indiferencia nacional es motivo de una enorme preocupación gremial. El futuro de esas comunidades, urbanas y rurales, está en entredicho. La sostenibilidad de cualquier actividad comercial en Tumaco está signada por grandes males incrustados entre las poblaciones más vulnerables.

Lo que se experimenta en Tumaco no es normal, es un entorno agresivo y adverso, fuera de lo común y, por lo tanto, las acciones para enfrentar esos grandes males no pueden ser ejecuciones de rutina. No, Tumaco requiere intervenciones directas y serias del Estado en articulación con el empresariado nacional. Son años de desidia, es tal el deterioro de los tejidos sociales que el país no tiene conciencia de lo que pasa allí realmente. Las soluciones solo se tendrán si se toman medidas extraordinarias, es lo que hemos dicho en diferentes escenarios.

Movidos por este panorama calamitoso, Fedepalma, conjuntamente con el Observatorio de Política y Estrategia en América Latina (Opeal), adelantamos una investigación denominada ‘Panorama institucional, social y económico de Tumaco’. El estudio fue liderado por los expertos del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga. Si bien los resultados son de una crudeza y realidad desesperanzadora, también es cierto que no puede haber espacio para la derrota o para esconder la cabeza bajo la tierra.

¿Qué hace de Tumaco hoy uno de los municipios con uno de los más bajos índices de desarrollo humano, una de las más altas tasas de homicidios y el mayor productor de coca por hectárea en Colombia?, se preguntan los investigadores. Y agregan, como problemática estructural que impide el desarrollo, los graves conflictos de la tenencia y uso de la tierra, ante la falta de claridad sobre el destino, principalmente económico, de los territorios colectivos, de creación relativamente reciente.

Pero hay más tragedias, la guerrilla recluta a los menores de edad, muchos son obligados y otros convencidos con discursos que son alentados por la ausencia del Estado. Las bandas que perforan el oleoducto y roban el crudo para el procesamiento de coca están contaminando severamente los ríos. Es demencial y criminal que, a este pueblo enterrado en el abandono, le dinamiten las torres de energía en acciones terroristas que no tienen explicación y sí generan más pérdidas, caos y pesimismo.

Mientras tanto, en la cabecera urbana, anualmente egresan del bachillerato 2.800 jóvenes que no tienen ni recursos ni cupos en la educación superior. La estatal Universidad de Nariño solo tiene, en Tumaco, 200 cupos en sus programas de pregrado y la matrícula, aún para los estratos más bajos, es de un salario mínimo, mientras que en Pasto el ingreso se paga dependiendo de la situación socioeconómica de las familias; los más pobres no pagan más de 70 mil pesos. Donde más pobreza y miseria hay, es más costosa la educación.

Y la lista de carencias se hace interminable. Todos los servicios públicos de Tumaco son insuficientes y de baja cobertura. Los derechos de la infancia están ausentes, y ni que decir de la salud y calidad de vida de las comunidades, trágicas. Esto es abandono e inequidad.

Sin embargo, el potencial de la región es de unas características superlativas cuyos referentes son: magnifica biodiversidad, gran riqueza pesquera, enorme capacidad agrícola, destino turístico de envergadura, polo minero de gran magnitud. El desarrollo de estos activos solo se producirá cuando se invierta en infraestructura en una sinergia del Estado con el sector privado. De lo contrario, los procesos artesanales de hoy seguirán marcando la ruta del atraso y por lo tanto de la desesperanza.

Las recomendaciones de la investigación van en ese sentido, un plan integral de seguridad, la normalización de los litigios territoriales, una presencia efectiva del Estado que legitime su verdadera acción y genere confianza entre las comunidades, y el aprovechamiento del potencial de Tumaco como epicentro portuario de la Alianza del Pacífico.

No obstante estas recomendaciones, somos conscientes de que la ‘Perla del Pacífico’ requiere del esfuerzo de toda la nación para reivindicar una deuda que tiene muchos años. La población de Tumaco, que también es Colombia, no puede estar más, a partir de ahora, abandonada. Además, en la región, se dispone del mejor insumo para salir de la crisis, los tumaqueños, aun aquellos más afectados por la complejidad, se niegan a naufragar en el mar de problemas que la indiferencia y los violentos han arrojado a las playas de tan rica población.

Jens Mesa Deshington
Presidente Ejecutivo de Fedepalma
 

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