Vecindario Latinoamericano

Redacción Portafolio
Opinión
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Redacción Portafolio
noviembre 06 de 2014
2014-11-06 03:26 a.m.

El experimento de la izquierda latinoamericana de finales del siglo XX está pasando una dura prueba, Brasil pierde su lustre como BRIC y las presiones sociales internas aunadas a las denuncias de corrupción en su gobierno tienen al país más grande de la región dividido políticamente y con dificultades macroeconómicas; En Argentina, se resquebrajan sus instituciones y sus políticas económicas tienen sus fundamentales seriamente afectados, al punto de terminar en un proceso de default como consecuencia de sus acciones, y dejando a su población a merced de una nueva crisis económica; y en Venezuela la caída de los precios del petróleo ponen en vilo toda la política social del socialismo del siglo XXI con inflaciones superiores al 30% y con una inminente devaluación.

Desde el moderado Brasil, hasta la extrema Venezuela, los proyectos de izquierda en el continente pasan serias dificultades, que tienen patrones comunes: reelecciones, exceso de gasto público en subsidios y reducción de su tecnocracia calificada; quizá los casos de Ecuador y Bolivia pueden ser menos críticos, pero todo depende de cómo se comporte el precio del petróleo en los próximos meses y es evidente que en Ecuador la inversión pública en infraestructura es una clara diferencia con los anteriores; en otro sentido, en Chile retoma un gobierno de izquierda moderada en momentos en que su economía no es dinámica.

Estas situaciones le dicen al mundo financiero que América Latina no es un buen vecindario para invertir y que el proyecto de izquierda comienza a mostrar fallas estructurales que pueden desembocar en mercados en recesión y posiblemente en gobiernos no democráticos, causando que países como México, Colombia y Perú que vienen teniendo un desempeño importante se vean contaminados por esto y tengan que asumir las externalidades financieras que esto genera, al mismo tiempo que el cambio de política en la Reserva Federal.

El problema no es que sean gobiernos de izquierda ni mucho menos, el problema radica en que los gobernantes que tienen no han sabido cuidar sus economías, sectores productivos y cadenas de valor, con discursos “anticapitalistas” que simplemente afectaron su estructura de capital, y esto desembocó que sus sistemas dependan del gasto público financiado en fuentes no productivas. Situación muy contraria a lo que hicieron España y Francia, quienes por medio de gobiernos de izquierda lograron ajustar a estos países como potencias, aunque es claro que hoy en día, ese esfuerzo enorme fiscal comienza a mostrar sus costos en el largo plazo.

Cuando la casas grandes de un vecindario pierden su lustre, inevitablemente hacen que las casas que se mejoran continuamente no logren que la vecindad mejore lo suficiente, y causa que aquellas que eran humildes moradas, se vean mucho más portentosas que las que tradicionalmente eran reconocidas como tales; esto puede comenzar a generar envidias y la inminente necesidad de explicar por qué al otro le va mejor al mantener un modelo económico que al que los otros prefirieron dar la espalda, y las palabras confluyen hasta acusaciones de conspiraciones de un orden mundial capitalista contra el proyecto de izquierda latinoamericano.

Cada vez más se evidencia que los países tienen algo de parecido a la forma de conducir: se debe manejar constante por el centro a la derecha y avanzar rápido por la izquierda por un tiempo para recuperar algo de terreno pedido por un obstáculo y volver a la posición inicial. Andar por la extrema derecha o la extrema izquierda es un riesgo innecesario para cualquier sociedad, pero alternar de manera moderada los pensamientos permite que las normas se cumplan y que se mantenga una buena velocidad. Quizá en momento que Latinoamérica comience a poner la direccional para retomar la vía que le corresponde.

Camilo Herrera 
Presidente RADDAR 

 


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