Venezuela:‘nunca nos faltará Dios ’

Asistimos a la crisis de un modelo paternalista, dependiente del petróleo, que Chávez llamó ‘Socialismo del siglo XXI’, que remeda el modelo socialista del siglo XX, es decir el rechazo a la propiedad privada, la planificación centralizada, con intervención de empresas.

Redacción Portafolio
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febrero 09 de 2015
2015-02-09 02:02 a.m.

La oración en el III Congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela (2-09-2014) que invocaba al “Chávez nuestro que estás en el cielo, en la tierra, en el mar y en nosotros los y las delegadas”, cobra actualidad en la crisis económicosocial que vive Venezuela, con recesión del 7 % (2015), inflación de 63% como consecuencia de la caída de los precios del crudo, desabastecimiento de medicamentos y bienes básicos, el descontento popular reprimido por el Ejército para sostener un agónico régimen liderado por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que ve enemigos preparando golpes de Estado, “guerra económica”, que lo llevan a invocar a Dios para que no les falte: “Dios proveerá”.

El petróleo representa para Venezuela el 96 % de sus divisas y la gira emprendida por Maduro a naciones petroleras y países amigos (Rusia, China, Irán y Arabia Saudita) no consiguió controlar la oferta del petróleo, pues algunos soportan la caída de los precios y han diversificado sus economías. Solo logró hipotecar más su economía a China al recibir US$ 20.000 millones. Con eso, lo que logró fue unificar a la oposición en la mesa de Unidad Democrática, que lideró la movilización de la “marcha de las ollas vacías” contra el hambre, por el cambio, la inseguridad, y la represión, liderada por Henrique Capriles, María Corina Machado y el alcalde de Caracas Antonio Ledezma.

Asistimos a la crisis de un modelo paternalista, dependiente del petróleo, que Chávez llamó ‘Socialismo del siglo XXI’, que remeda el modelo socialista del siglo XX, es decir el rechazo a la propiedad privada, la planificación centralizada, con intervención de empresas, así como al proceso de distribución y comercialización de bienes y servicios que hizo crisis en la vieja URSS en Cuba y en Corea del Norte.

Un reciente estudio de la Cepal, en coordinación las Universidades Católica Andrés Bello (privada) y las estatales Central de Venezuela y Simón Bolívar, encontró hay más de 3,5 millones de hogares venezolanos (de un total de 7,2 millones de familias) son pobres y 1,2 millones viven en la pobreza extrema.

El asistencialismo no es masivo “ni da protección social efectiva, porque no se está concentrando en el sector más vulnerable de la población”, y el déficit presupuestal es de 20 % del PIB.

Ni el control cambiario impuesto a las divisas extranjeras ha evitado que los precios de la canasta familiar se eleven o que el capital salga del país, como tampoco fijar “precios justos al consumidor”, pues las colas continúan, mientras se inicia una guerra contra empresarios convirtiéndolos en nuevos “presos políticos”. Es el caso de dos directivos de Farmatodo (venezolana de medicamentos) acusados de boicot y desestabilización económica, así como la detención de gerentes de mercados: ‘Día a Día’ y ‘Corporación Cárnica’.

Recibir un número o marcar el brazo para poder comprar recuerda los racionamientos en Cuba y el fantasma de la “guerra económica” no se espanta con la presencia de Guardia Nacional para revisar depósitos de mercancías, como lo advierte una señora que logró comprar alimentos básicos, verdaderos tesoros: “Esto no se acaba con militares ni obligando a los dueños de los mercados… pues a los comerciantes lo que les importa es vender, no esconder la mercancía ni tumbar gobiernos”. Y otra más radical que solo puede comprar viernes o domingo (cédula terminada en 2 o 3), vocifera contra Maduro “¿Hasta cuándo esta estupidez? El chavismo nos llevó a la ruina, ya uno no puede ni comprar un espagueti” (El Tiempo, 04-02-2015).

La debilidad del Gobierno lo ha llevado a autorizar el uso de armas de fuego para reprimir las protestas, en contra de la Constitución venezolana, que no admite la oposición, viola los Derechos Humanos y judicializa la protesta. Es de recordar que los expresidentes Andrés Pastrana (Colombia), Sebastián Piñera (Chile) y Felipe Calderón (México) fueron acusados de vagos y desestabilizadores “pagados con el dinero del narcotráfico”, cuando intentaron una visita carcelaria donde está el líder opositor Leopoldo López, expresión clara de violación a las libertades políticas.

Tampoco ha escapado el vicepresidente estadounidense, Joe Biden, de orquestar golpe de Estado y un magnicidio, cuando reclama por la falta de respeto a los Derechos Humanos y las libertades fundamentales, así como el golpe a empresas de Estados Unidos por el enrevesado sistema cambiario, que ven reducidos sus activos, pues los tipos de cambio más fuertes (tasa de 6,3 y 12 bolívares por dólar), solo permitiendo un número limitado de transacciones, y cuando se aplican, la tasa de 50 bolívares del sistema gubernamental para repatriar sus activos provocan perdidas incalculables.

Esto ha endurecido la posición de EE. UU. contra funcionarios de Venezuela a quienes no solo restringen la visa, congela sus activos y bienes, amparado en la ‘Ley para la Defensa de los Derechos Humanos y Sociedad Civil de Venezuela’ (19-12-2014). <TB>No aceptaron la mediación de la Unasur, puesto que “el gobierno de Venezuela debería enfocarse en el diálogo con la oposición política, la sociedad civil y el sector privado para encontrar una solución genuina y duradera a sus crecientes problemas económicos y sociales”.

¿Estaremos cerca de una revolucionaria donde “los ‘de abajo’ no quieren y los ‘de arriba’ no pueden seguir gobernando”?

Ricardo Mosquera M.

Exrector, Profesor Asociado UNAL

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