Ricardo Ávila
Opinión

Siguen las réplicas

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
abril 26 de 2016
2016-04-26 12:29 a.m.
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Han transcurrido ya diez días desde cuando un terremoto devastó la zona de la costa ecuatoriana, dejando tras de sí una estela de destrucción y muerte. A medida que pasan los días, los sobrevivientes tratan de volver a la normalidad, así las sucesivas réplicas no los dejen olvidar la tarde del 16 de abril cuando un sismo de magnitud 7,8 en la escala de Richter acabó con su calma y sus sueños.

Pasadas las esperanzas de encontrar sobrevivientes, viene la tarea de la reconstrucción. Dada la magnitud de los daños, las autoridades no tienen todavía un censo completo de damnificados, ni mucho menos un estimativo de lo que costarán las reparaciones a la infraestructura, o la ayuda que requerirán miles de personas para rehacer su vida. No obstante, todo indica que la cuenta será onerosa y que pagarla exigirá años de sacrificios.

La tragedia ocurre en un pésimo momento para Ecuador. El descenso en los precios del petróleo impactó con fuerza a las finanzas públicas y obligó al Gobierno a apretarse el cinturón y restringir el consumo de bienes importados en el 2015, medidas que desembocaron en una notoria contracción de la actividad económica.

Según cálculos del Fondo Monetario Internacional, el Producto Interno Bruto del país vecino habría caído algo menos del 1 por ciento el año pasado, mientras que para este el bajón sería cercano al 4,5 por ciento. Y esas cuentas se hacían antes del desastre, lo cual hace pensar que las perspectivas son mucho más oscuras ahora.

Con el fin de cubrir la cuenta de la reconstrucción, la administración de Rafael Correa viene de presentar una serie de medidas que deberán ser aprobadas por el Congreso, las cuales incluyen un alza en el IVA, una sobretasa a las utilidades empresariales y la donación de parte del sueldo de los asalariados, dependiendo de lo que ganen. Adicionalmente, habrá que acudir a las fuentes de endeudamiento multilaterales que ya anunciaron su disposición de ayudar.

La gran duda, sin embargo, es si todos esos apoyos servirán para evitar otro tipo de sismo que golpearía a toda la población y cuyo epicentro serían las realidades económicas actuales. En concreto, la inquietud es si el modelo de dolarización es sostenible para una nación que enfrentaba una seria crisis de liquidez de divisas y ahora debe responder a nuevas presiones. Hasta el momento, la receta ha sido la de apretarse el cinturón, pero esa opción no es ilimitada.

Sobre el papel, lo más sencillo sería volver a una moneda local, tal como en su momento existió el sucre. Ello permitiría adoptar un régimen de cambio flotante, cuyos ajustes harían que los exportadores recuperen la competitividad perdida.

El problema es que el patrimonio de todos los ecuatorianos se reduciría, al menos si se mide en divisas. Quienes tengan deudas en dólares podrían poseer problemas para pagarlas, algo que golpearía al sistema bancario. Además, existe el riesgo de que se dispare la inflación, pues muchos recuerdan lo sucedido al comenzar el siglo cuando el alza en el nivel de precios llegó al 25.000 por ciento anual, lo que en su momento alimentó la inestabilidad política y la incertidumbre.

Resolver el acertijo no será fácil, pues los sacrificios son inevitables. Pase lo que pase, Colombia deberá estar atenta, ya que el coletazo también se sentirá de este lado de la frontera. Basta ver lo sucedido con nuestras exportaciones a Ecuador, que en el primer bimestre del 2016 mostraban un descenso del 38 por ciento, para concluir que la situación se pondrá todavía peor.

Incluso las zonas limítrofes, que han sentido una especie de bonanza por la afluencia de compradores ecuatorianos, deberían prepararse para las ‘vacas flacas’. Por tal motivo, es imposible dar una señal de optimismo, ya que la situación, que era difícil antes del terremoto, bien podría convertirse en desesperada en los meses que vienen, dejando damnificados de otra índole.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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