Ricardo Ávila
brújula

Con los ojos bien abiertos

Aquel refrán según el cual ‘lo que sube como palma, cae como coco’, volvió a ser recordado por los observadores que creen en los méritos de la prudencia, tras registrar que el bitcoin rompió de nuevo marcas.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 27 de 2017
2017-11-27 08:30 p.m.
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Aquel conocido refrán según el cual ‘lo que sube como palma, cae como coco’, volvió a ser recordado ayer por los observadores que creen en los méritos de la prudencia, tras registrar que el bitcoin rompió de nuevo marcas y se acerca al nivel simbólico de los 10.000 dólares. Tal como van las cosas, la moneda virtual muestra una valorización superior al 850 por ciento en lo que va del año, superando con creces los cálculos de los analistas más arriesgados. De hecho, ha pasado muy poco desde cuando fue superado el límite de los 9.000 dólares, en lo que parece ser una carrera que desafía la lógica para la cual hay pocas explicaciones racionales.

Por tal razón, más de un operador ha impuesto restricciones con el fin de cubrirse ante la presencia de aquellos inversionistas que fondean sus posiciones con préstamos del sector financiero. Otros señalan que la volatilidad será inevitable, pues en un mercado que adolece de transparencia no hay claridad sobre la manera en que se forman los precios de las criptomonedas.

No obstante, tampoco faltan los que señalan que la entrada de más jugadores al campo es lo que explica lo sucedido. Y es que a raíz de nuevos vehículos de inversión que utilizan de manera indirecta o directa al bitcoin como referencia, la demanda parece haberse disparado. Si se trata de firmas solventes o de especuladores de procedencia dudosa, es algo que nadie tiene claro, pues no hay una sola entidad reguladora que pueda emitir un parte de tranquilidad sobre lo que pasa.

Debido a ello, no está de más insistir en que esta es una opción no apta para cardiacos. Es indudable que se han hecho fortunas con lo sucedido, pero la historia muestra que incrementos súbitos de precio hacen que cada vez sea mayor el peligro de que la burbuja se reviente. Por eso quien desee entrar ahora debe mirar el riesgo con los ojos bien abiertos.

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