Ricardo Ávila
brújula

Donald viaja a los Alpes

Como todos los eneros, a lo largo de varias décadas, este mes también tendrá lugar en Davos la cita del Foro Económico Mundial.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
enero 09 de 2018
2018-01-09 08:17 p.m.
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Como todos los eneros, a lo largo de varias décadas, este mes también tendrá lugar en Davos la cita del Foro Económico Mundial que convoca a la élite global del poder y los negocios. Los asistentes regulares a la reunión saben que su viaje a la pequeña población enclavada en los alpes suizos incluirá frío, nieve y precios prohibitivos, todo por el privilegio de codearse con líderes políticos, académicos de primera línea y presidentes de un buen número de multinacionales.

Además, la edición del 2018 incluirá un plato inesperado: la presencia de Donald Trump, el primer presidente estadounidense desde que Bill Clinton estuviera a comienzos del siglo en el selecto encuentro. El anuncio hecho ayer causó sorpresa, entre otras razones porque el evento promueve la integración no solo en materia de comercio, sino de ideas y culturas. Puesto de manera simple, se podría decir que el actual inquilino de la Casa Blanca defiende principios que chocan abiertamente con la cumbre de personalidades.

Aun así, Washington considera que la ocasión es ideal para hablar de los preceptos de “América primero”, el conjunto de políticas que impulsa la administración republicana y que incluye notas de proteccionismo, aislacionismo y unilateralismo. Aunque seguramente recibirá un aplauso cortés por parte de los asistentes al centro de congresos de Davos, es previsible que Trump insistirá en que sus ideas son las correctas y que piensa volver realidad sus promesas de campaña.

Además, es claro que el presidente norteamericano no quiere que se repita lo sucedido en el 2017, cuando el mandatario chino Xi Jinping se llevó los aplausos con un encendido discurso en favor de la globalización. Incluso si la aproximación de ahora es mirar hacia adentro, lo que no se trata es de que el espacio lo ocupe otro país y menos la nación más populosa del mundo, controlada por un régimen comunista. Dicho de otra forma, el Tío Sam desea marcar el territorio, así debajo del sombrero se asome el mechón de Donald.

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