Ricardo Ávila
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El ejemplo brasileño

No hay duda de que algo va de Colombia a Brasil, tanto en lo que atañe al tamaño de cada país como al manejo de su economía.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
febrero 26 de 2018
2018-02-26 08:53 p.m.
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No hay duda de que algo va de Colombia a Brasil, tanto en lo que atañe al tamaño de cada país como al manejo de su economía. Aun así, no está de más tomar nota sobre lo que le acaba de suceder a la nación auriverde, después de que el presidente Michel Temer decidió retirar su propuesta de reforma pensional ante la falta de apoyo en el Congreso.

Poco después del anuncio, la agencia calificadora de riesgo Fitch volvió a rebajarles la nota a los títulos de deuda del gigante suramericano, que ahora están tres peldaños por debajo de lo que se conoce como el grado de inversión. Eso quiere decir que los fondos más conservadores no destinan su dinero a la compra de papeles brasileños.

Tras lo sucedido, no hay una senda clara sobre cómo se puede reducir el déficit fiscal del gobierno federal, el cual equivale al 8 por ciento del Producto Interno Bruto. El tema estará presente en la campaña presidencial que sigue calentando motores, pero no hay duda de que dada la falta de apoyo a las propuestas orientadas a coger el toro por los cuernos y llegar a un esquema financieramente viable, lo que primarán son las promesas populistas.

En el caso colombiano, la situación es mucho menos desesperada, aunque hay al menos dos lecciones que vale la pena sacar de lo sucedido con nuestro vecino. Ambas son válidas a la luz de los desafíos que enfrentará la próxima administración.

La primera es que los compromisos de poner la casa en orden son para cumplirlos. Así existan justificaciones políticas para explicar por qué fracasa una ley o se archiva una iniciativa, la tolerancia de las calificadoras de riesgo es limitada. En algunos casos es mejor no decir que se va a hacer algo, sobre todo si la certeza de volverlo realidad es poca.

La segunda es que las métricas operan. Brasil es un país con un gran desorden presupuestal y una senda de endeudamiento creciente. Si Colombia no tiene la rienda corta sobre sus asuntos, el castigo de afuera llegará. Y eso podría ocurrir más temprano que tarde.

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