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La debilidad de la fuerza

Cuando la reacción a protestas se concentra en gases lacrimógenos y ataques a bala contra los contradictores, la legitimidad desaparece por completo.

Ricardo Ávila
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Ricardo Ávila
abril 19 de 2017
2017-04-19 08:03 p.m.
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No pasó desapercibida en occidente la jornada de ayer en Venezuela, cuando se cumplió un nuevo ciclo de protestas en contra del régimen que encabeza Nicolás Maduro. El motivo no fue solo la capacidad de convocatoria de los organizadores, ni la presencia multitudinaria de marchantes, como tampoco la represión de las fuerzas de seguridad, o la organización de un mitin en favor del gobierno bolivariano.

La razón fue la creciente percepción entre los observadores de que el andamiaje del chavismo se ve más debilitado que nunca. Puede sonar a paradoja, pero cuando la reacción a las protestas se concentra en gases lacrimógenos, arrestos masivos y ataques a bala contra los contradictores, la legitimidad desaparece por completo.

Es posible que ante las tácticas intimidatorias empleadas, el inquilino del Palacio de Miraflores consiga aferrarse al poder por un tiempo adicional. Sin embargo, la administración se ve cada vez más arrinconada, pues las movilizaciones van a seguir por los días que vienen, sin que la línea dura que exhibe Maduro le deje margen de maniobra para salir adelante, algo que se complementa con el creciente rechazo de la comunidad internacional a los métodos empleados, frente a los que piden respetar la democracia y la división de poderes.

Además, el lío que tiene ante sí Maduro trasciende el campo político y entra en el terreno de lo económico y lo social. En cuanto a lo primero, la falta crónica de divisas se traduce en una escasez creciente y una inflación que debería superar el 700 por ciento en el 2017.

Más complejo es el deterioro en la calidad de vida de la población, pues la desnutrición y la falta de medicinas se combinan con la inseguridad rampante. Por eso son cada vez más los que se quejan, pues quien nada tiene, nada tiene que perder ante la represión oficial. Solo le queda la esperanza de un cambio.

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