Ricardo Ávila Brújula La furia de la naturaleza Septiembre 20 de 2017 | Opinión | Portafolio
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La furia de la naturaleza

No deja de ser una cruel ironía del destino, que el mismo día en el cual se conmemoraban 32 años del sismo que causó daños considerables en la ciudad de México, un nuevo terremoto haya causado una enorme destrucción.

Ricardo Ávila
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Ricardo Ávila
septiembre 19 de 2017
2017-09-19 09:46 p.m.
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No deja de ser una cruel ironía del destino, que el mismo día en el cual se conmemoraban 32 años del sismo que causó daños considerables en la ciudad de México, un nuevo terremoto haya causado una enorme destrucción. Aunque pasarán días antes de tener un balance preciso de pérdidas materiales y humanas, las imágenes son impactantes y sugieren que la cuenta será alta.

El movimiento telúrico sucede menos de dos semanas después del registrado el 7 de septiembre en el lecho marino del golfo de Tehuantepec, cerca de la frontera con Guatemala. Aunque en esa ocasión la intensidad fue mayor, ahora el epicentro tuvo lugar en el estado de Puebla, a pocos kilómetros de zonas en las que viven millones de personas.

En medio de la tragedia, comienza la etapa de la búsqueda de sobrevivientes, a la cual le seguirá la de reconstrucción. Tal como sucedió en 1985, las autoridades están en la obligación de poner en práctica las lecciones aprendidas, las cuales pasan no solo por códigos de edificación más estrictos, sino por el refuerzo estructural de miles de lugares en riesgo, aparte del entrenamiento de los equipos de emergencia y los simulacros, que sirven para salvar vidas.

La confluencia de hechos catastróficos –huracanes en el Caribe y terremotos en el continente– puede llevar a más de uno a análisis apocalípticos. No obstante, lo que procede en estos casos es reaccionar con cabeza fría y emprender obras con el propósito de mitigar riesgos que siempre estarán presentes.

Dicho mensaje también se extiende a Colombia, ubicada en un área propensa a sentir los efectos del cambio climático o el desplazamiento de las placas tectónicas. Aparte de la ayuda solidaria, el país está obligado a aprender de lo sucedido, pues nadie en el planeta está a salvo de la fuerza de la naturaleza.

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