Ricardo Ávila
brújula

La tragedia continúa

Nadie en pleno uso de razón esperaba un desenlace diferente en las elecciones del domingo en Venezuela.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
mayo 21 de 2018
2018-05-21 09:04 p.m.
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Nadie en pleno uso de razón esperaba un desenlace diferente en las elecciones del domingo en Venezuela. Tal como lo pronosticaron propios y extraños, Nicolás Maduro resultó triunfador en los comicios y gobernará el país vecino por otros seis años, a menos que suceda un imprevisto.

En respuesta, el rechazo de la comunidad internacional no se hizo esperar. Ante el convencimiento de que no hubo una competencia abierta e imparcial, llegaron las sanciones tanto en el plano diplomático como económico. Las catorce naciones del Grupo de Lima señalaron que no reconocerán los resultados, mientras que Washington les puso nuevas trabas a las transacciones con el régimen.

Que la legitimidad de la ‘nueva’ administración no existe por múltiples razones, es algo que confirman los elevados índices de abstención. Las escenas de puestos de votación solitarios se combinaron con el reporte de las autoridades electorales, según el cual la participación apenas llegó al 46 por ciento, muy por debajo del 80 por ciento del 2013.

Ahora, la pregunta es lo que viene para el gobierno bolivariano, aislado, con menor margen de maniobra y lleno de retos. Aparte del crimen y la escasez, está una hiperinflación que supera el 10.000 por ciento anual. El desplome en la producción petrolera golpeará todavía más la calidad de vida, ante la falta de divisas para el pago de importaciones.

Por tal razón, es de imaginar que las presiones migratorias aumentarán, pues una proporción creciente de la población venezolana considera que la promesa de un mejor futuro sencillamente no existe. Eso se traduciría en una mayor llegada de personas a la frontera con Colombia, que aparte de esos males, sufren una represión aún más notoria por parte de una camarilla que está dispuesta a conservar el poder, cueste lo que cueste.

Y aunque no hay mal que dure cien años, el daño viene en aumento. Por ese motivo, es válido afirmar que la tragedia de Venezuela sigue sin resolverse.

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