Ricardo Ávila
brújula

Lógica perversa

Aunque los ataques a la tubería no son nuevos, el 2017 ha sido un año particularmente difícil.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
julio 25 de 2017
2017-07-25 08:36 p.m.
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Faltan apenas cuatro días para que las operaciones del oleoducto que une a Caño Limón, en Arauca, con Coveñas, en la costa Caribe, completen dos meses de haber suspendido sus operaciones. Y es que el bombeo se encuentra parado desde el 30 de mayo, tras presentarse un derrame de crudo en jurisdicción de Tibú, en Norte de Santander.

Aunque los ataques a la tubería no son nuevos, el 2017 ha sido un año particularmente difícil. Según lo señaló ayer Ecopetrol, en lo que va corrido del calendario se han presentado 38 atentados dinamiteros, lo cual da un promedio cercano a uno cada cinco días. A lo anterior se debe agregar la detección de 27 válvulas ilegales, ya retiradas.

Así se prolonga una historia de terrorismo que data desde 1986, cuando empezaron los bombardeos. Aparte del inmenso perjuicio que deja el derrame de cientos de miles de barriles de petróleo, que han contaminado fuentes de agua, bosques y potreros, están las pérdidas asociadas a las exportaciones que no se han hecho y el costo de las numerosas reparaciones. Basta recordar que el oleoducto acumula más de 3.800 días detenido desde cuando empezó a transportar hidrocarburos.

La gran responsabilidad de la que es una verdadera tragedia ecológica y social es del Ejército de Liberación Nacional, cuya ofensiva ha arreciado. El motivo es que el grupo guerrillero busca que se decrete un cese al fuego antes de la visita del papa Francisco a Colombia.

El uso de la que solo puede calificarse de lógica perversa es la que explica una situación injustificable. Si bien la salida de crudo no se ha interrumpido ante la presencia de otras opciones, las pérdidas continúan subiendo. Y posiblemente no se detendrán hasta que la sensatez retorne al Eln. Algo que, a la luz de la experiencia, parece imposible.

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