Ricardo Ávila Brújula Mirada Oscura septiembre 18 de 2017 | Opinión | Portafolio
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Mirada oscura

Cuando el Gobierno celebraba la mejora de los datos de la industria y el comercio durante julio, el índice de confianza del consumidor mostró que la realidad todavía es cruda.

Ricardo Ávila
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Ricardo Ávila
septiembre 17 de 2017
2017-09-17 11:04 p.m.
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Justo cuando el Gobierno celebraba el reporte del Dane sobre la mejora de los datos de la industria y el comercio durante julio, el índice de confianza del consumidor que elabora Fedesarrollo mostró que la realidad todavía es cruda. Así quedó en evidencia el viernes pasado, cuando la entidad reveló que el indicador sufrió un importante deterioro en agosto, con respecto a los niveles de un mes atrás.

El tema es importante porque diversos estudios demuestran que la demanda de los hogares depende, en una elevada proporción, de si la gente considera que el vaso está medio lleno o no. En el primero de los casos, la propensión a gastar es más elevada que cuando todo se ve con un lente más oscuro.

Por tal motivo, es inquietante el deterioro registrado, que revierte, en parte, la recuperación que se venía observando desde febrero, al cabo de un arranque de año con las peores cifras en lo que va del siglo. Todavía estamos lejos del punto de mayor pesimismo, pero el quiebre en la tendencia no es bueno para las perspectivas de crecimiento.

El deterioro del mes pasado se explica por un retroceso en la calificación de las condiciones económicas actuales, como de las expectativas sobre lo que viene. En concreto, subió la proporción de personas que considera que a su hogar le está yendo peor que hace un año, al tiempo que se vio un deterioro en la disposición a comprar electrodomésticos.

No menos llamativo es que el pesimismo con miras a los próximos 12 meses se disparó, especialmente en lo que tiene que ver con las posibilidades del país. Quienes saben de estos asuntos afirman que los escándalos de corrupción y la incertidumbre política convencen a más de uno de que aún no se ve la luz al final del túnel.

Por otro lado, vale la pena señalar el deterioro de Medellín, cuyos niveles de falta de confianza son los peores entre las cinco capitales analizadas. Con excepción de Barranquilla, Bogotá, Cali y Bucaramanga están también en rojo, pero ningún deterioro es tan significativo como el de la capital de Antioquia.

Y en cuanto a estratos socioeconómicos, hay diferencias entre el alto –cuyo pesimismo se redujo– y los niveles medio y bajo, cuyos números van de mal en peor. El parte es preocupante, pues golpea las probabilidades de que el repunte de la economía llegue pronto, gracias a una reactivación del consumo.

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