Ricardo Ávila
brújula

Proyecto de altura

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
febrero 28 de 2016
2016-02-28 07:00 p.m.
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Cuando la semana pasada Enrique Peñalosa enunció los elementos principales que tendría el metro de Bogotá, no faltaron las voces en contra. El motivo es que ahora el proyecto sería más corto y se demoraría más en entrar en operación que el que trató de poner en marcha la administración de Gustavo Petro.

En pocas palabras, se construirían 15 kilómetros –en lugar de 27– de línea elevada, que conectarían el sur de la ciudad con el centro. La apertura de la licitación tendría lugar este año y la construcción arrancaría en el 2018, mientras que la fecha de entrega sería el 2022. Por su parte, el costo total se acercaría a los 13,8 billones de pesos, ya identificados.

Si bien las dimensiones son diferentes, no está de más preguntarse la razón de los cambios. La respuesta tiene que ver con dos factores principales, uno externo y otro de diseño.

Para comenzar, la devaluación del peso afecta los cálculos iniciales, pues una parte importante de los componentes son importados, comenzando por los vagones y siguiendo por el equipamiento, aparte de la maquinaria especializada que se habría requerido.

Dado que la diferencia podría ser de varios billones de pesos y que la estrechez es evidente en las cuentas del Gobierno Nacional –que aportaría el 70 por ciento del valor completo de la obra–, el salto podría haber hecho inviable la iniciativa. Y en este caso, el margen de maniobra es estrecho a la hora de cubrir un eventual faltante.

Por otro lado, está el asunto del trayecto bajo tierra, sujeto a imprevistos. La experiencia del deprimido de la Calle 94 –con un retraso de tres años– muestra que las posibilidades de un incumplimiento no son teóricas. Y varias experiencias internacionales –en Ciudad de México o Barcelona– sugieren que los riesgos de una cuenta mayor que la prevista son reales, para no hablar de perder lo invertido en excavaciones que no llegan a ninguna parte.

En consecuencia, mirar opciones como la que funciona en Vancouver suena procedente. Frente a los reparos arquitectónicos de un metro de altura, hay respuestas de diseño. No menos importante es contar con cálculos precisos, resultado de una ingeniería detallada, que dejen poco espacio para los imprevistos. Solo así, el sueño de los bogotanos podrá convertirse en realidad.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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