Ricardo Ávila
brújula 

Un respiro que se agradecerá

La idea era bajar el déficit gubernamental al equivalente del 1 por ciento del Producto Interno Bruto para el 2022.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
mayo 08 de 2018
2018-05-08 08:48 p.m.
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Para la inmensa mayoría de los colombianos el tema resulta incomprensible. No obstante, los economistas tomaron atenta nota de la decisión adoptada por los integrantes del comité consultivo de la regla fiscal, que esta semana definió una senda menos estricta con respecto al saldo en rojo permitido en las cuentas del Gobierno Central.

El efecto práctico de la determinación es que la próxima administración tendrá algo más de holgura a la hora de ajustarse a la que es, en la práctica, una camisa de fuerza adoptada voluntariamente. Ese fue el propósito de la ley expedida por el Congreso en el 2011, cuyo mensaje central era el de la responsabilidad en el manejo de las finanzas públicas.

En ese entonces, hacer promesas de buen comportamiento no solo era bien visto, sino que resultaba relativamente fácil. La entrada de recursos extraordinarios a las arcas estatales, gracias a la bonanza de precios de bienes primarios, permitía ver como factible un escenario de menores faltantes presupuestales.

Aunque había margen ante el advenimiento de situaciones inesperadas, la idea era bajar el déficit gubernamental al equivalente del 1 por ciento del Producto Interno Bruto para el 2022, algo que no parecía descabellado, pues el punto de partida era 2,3 por ciento. Sin embargo, las cosas variaron de manera radical cuando se desplomaron los precios del petróleo y la realidad pasó a ser otra.

Si bien para el 2014 y los años siguientes se permitió un déficit mayor, la idea para el 2019 era que este disminuyera al 2,2 por ciento del PIB. En términos prácticos, eso quería decir que al Ministro de Hacienda entrante le tocaría buscar casi 10 billones de pesos en el próximo presupuesto, solo para cumplir la norma.

Ahora ese requisito bajó en unos dos billones, pues la brecha autorizada es del 2,4 por ciento del PIB. La variación puede parecer menor, pero combinada con la minibonanza actual de los precios de los hidrocarburos, es posible que ya no sea necesaria una reforma tributaria en la próxima legislatura.

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