Ricardo Ávila
Brújula

Una mejora a medias

Aquello de que lo peor quedó atrás, bien parece aplicarse al comportamiento de las exportaciones de Colombia.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
junio 04 de 2017
2017-06-04 07:00 p.m.
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Aquello de que lo peor quedó atrás, bien parece aplicarse al comportamiento de las exportaciones de Colombia. El viernes pasado, el Dane reportó que, a pesar de un aumento tímido en abril –explicado por la presencia de Semana Santa–, en los cuatro primeros meses del año las ventas externas del país ascendieron a 11.291 millones de dólares, 25 por ciento más que en igual periodo del 2016.

El repunte es importante y bienvenido, pero en verdad es atribuible, casi en su totalidad, a la categoría de combustibles y productos de industrias extractivas que comprende primordialmente a petróleo y sus derivados, al igual que carbón. En contraste, el renglón agropecuario y de alimentos muestra una expansión de apenas 3 por ciento, mientras que las manufacturas caen más de 4 por ciento en el mismo lapso.

Mención aparte merece el oro, que muestra un salto del 86 por ciento, al contabilizar 651 millones de dólares exportados en el primer tercio del año. Ese comportamiento llama la atención en un país en el cual cuatro quintas partes del metal amarillo que se extrae viene de operaciones informales o ilegales. A pesar de las operaciones de las autoridades contra este flagelo, el negocio parece seguir indemne y en alza.

La mencionada es una irregularidad notable dentro de un sector que sigue acusando los mismos problemas de siempre: alta concentración en bienes primarios, con poco valor agregado, al igual que elevada presencia en mercados tradicionales. Para citar un caso, la participación de Estados Unidos es del 28 por ciento, similar a la de otros años.
Lo anterior no quiere decir que todo continúa exactamente igual. Por ejemplo, los despachos a Ecuador registran un saludable avance que le sirve a la industria liviana. Sin embargo, no se nota una gran variación en las tendencias, a pesar de que las circunstancias objetivas son distintas ahora, comenzando con la devaluación del peso.

Por tal razón, no hay que exagerar en las celebraciones. La reacción sirve mucho, en la medida en que ayuda a que el desequilibrio que muestra la balanza comercial se reduzca. Con un poco de suerte, cerraríamos el año cerca de los 35.000 millones de dólares en exportaciones. Aun así, falta mucho en lo que atañe a diversificación porque los riesgos conocidos, que nos han salido caros en el pasado, permanecen ahí.

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