Ricardo Ávila
Opinión

Cambio de cartas

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
marzo 28 de 2016
2016-03-28 08:58 p.m.
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Pasado el descanso de Semana Santa, en el cual los colombianos disfrutaron de unas vacaciones aún más largas de lo usual, la vuelta a la realidad se impone, al igual que el retorno a los mismos problemas. Mientras el fantasma del racionamiento continúa presente, las expectativas en torno a la situación del país no mejoran, según lo revelan los sondeos disponibles.

Quizás el mayor afectado por la situación es el presidente Juan Manuel Santos, cuyo índice de aprobación cayó al 13 por ciento en la segunda mitad de marzo, de acuerdo con la más reciente encuesta de Yanhaas. Aparte del pesado equipaje que carga el mandatario, el aplazamiento de la firma de un acuerdo de paz con las Farc no le ayuda a su favorabilidad.

De manera repetida, los analistas hablan de la creciente debilidad del Gobierno. Esta se traduce en su capacidad limitada a la hora de sacar adelante diversas propuestas o de conseguir el respaldo de la opinión. Si bien la administración funciona y la marcha de los diferentes programas estatales sigue, la percepción de legitimidad y la credibilidad son elementos clave a la hora de adelantar las políticas públicas. Los conatos de rebelión que se ven al interior de la Unidad Nacional sugieren que el Ejecutivo ha perdido algo de control sobre su bancada.

Ante esa situación, el remedio que proponen los expertos es uno que tradicionalmente se usa en todas las democracias: una crisis de gabinete. Tal como lo demuestra la experiencia, renovar el equipo ministerial sirve para recuperar algo del aire perdido y la iniciativa.

La justificación en el presente caso es clara. La confianza que despiertan los titulares de un buen número de carteras es baja y la opinión podría ver con buenos ojos un recambio. Adicionalmente, varios de los alfiles de Santos han expresado su cansancio, mientras que las tensiones que expresan algunos partidos podrían bajar de tono si se sienten mejor tratados.

Tampoco es despreciable el componente regional. Para dar tan solo un ejemplo, la Costa Atlántica aspira a tener uno de sus representantes en Minas y Energía. El razonamiento es que un caribeño entendería mejor las preocupaciones con respecto al gas natural y serviría para exigir, con vehemencia, un mejoramiento del servicio de electricidad en la zona.

Por otro lado, es indudable que si el humo blanco con las Farc puede demorarse en aparecer unos buenos meses, el discurso gubernamental tiene que ser más amplio. Las preocupaciones de los ciudadanos van mucho más allá de un eventual entendimiento en La Habana, y están relacionadas con la carestía o la seguridad, entre otros asuntos.

La pregunta, sin embargo, es si la Casa de Nariño está de acuerdo con los argumentos anunciados. Para comenzar, el estilo presidencial no es el de crear crisis ministeriales, sino de hacer sustituciones puntuales. En el pasado, los reemplazos se han dado con cuentagotas, pues el Presidente le da un mayor peso a la continuidad en los cargos, a sabiendas de que en más de una ocasión la curva de aprendizaje es larga.

Adicionalmente, siempre existe la posibilidad de que el remedio resulte peor que la enfermedad. Dejar contento a todo el mundo es un objetivo imposible, y más cuando muchos desean una tajada mayor de un ponqué que, a fin de cuentas, no cambia de tamaño. Peor, todavía, sería que el número de ruedas sueltas en el gabinete aumente, algo que ya es un inconveniente de marca mayor.

Aun así, no hay duda de que el Gobierno necesita recuperar espacio y margen de maniobra. Como buen jugador de póquer que es, Juan Manuel Santos sabe que a veces no hay otra solución que cambiar todo lo que se tiene en la mano, con la esperanza de que las cartas que lleguen le permitan ganar la partida.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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