De lo virtual a lo real, Editorial 9 de Marzo de 2017 | Opinión | Portafolio
Ricardo Ávila
Opinión

De lo virtual a lo real

La videocumbre de la Alianza del Pacífico debería servir para que sus socios miren cómo le dan un impulso al esquema de integración.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
marzo 08 de 2017
2017-03-08 08:47 p.m.
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Que la tecnología puede convertirse en un apoyo para la integración entre las naciones es algo que debería quedar ratificado en el día de hoy. El motivo es la celebración de una cumbre virtual de mandatarios de los países pertenecientes a la Alianza del Pacífico, la cual conectará por videoconferencia a los palacios presidenciales de Ciudad de México, Bogotá, Lima y Santiago.

El uso de esta opción para salvar la distancia que separa a las capitales mencionadas es la mejor salida posible a la luz de las complejidades logísticas que implica una reunión presencial. Dicen los que saben, que Enrique Peña Nieto, Juan Manuel Santos, Pedro Pablo Kuczynski y Michelle Bachelet podrán hablar como si estuvieran en la misma sala.
Una conversación franca entre los cuatro gobernantes no solo es necesaria, sino urgente. Para comenzar, la llegada de Donald Trump al poder en Washington es fuente de múltiples incógnitas en los planos comercial, migratorio y político.

El asunto es especialmente inquietante para México, que ve cerca la ignominia del muro fronterizo, pero los demás integrantes del club no pueden caer en el error de pensar que las obsesiones de la Casa Blanca se restringen a su vecino del sur.

'Con la llegada de Donald Trump a
la Casa Blanca se impone la eventual adopción de un frente común ante ciertas decisiones'

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Debido a ello, hay que comenzar a plantear respuestas ante posibles escenarios. Por ejemplo, se debería evaluar si se toma una postura conjunta en caso de que la administración republicana saque adelante su idea de un impuesto a las importaciones, el cual desequilibraría las reglas de juego vigentes. Definir si habrá medidas retaliatorias o no es fundamental, sobre todo si se trata de aplicar ese principio según el cual la unión hace la fuerza.

No menos importante es mirar los asuntos pendientes. Cuando hace ya casi siete años nació la idea de la Alianza, las muestras de entusiasmo no se hicieron esperar. Establecer un área de integración profunda con la participación de las cuatro economías más dinámicas de América Latina despertó expectativas y envidias, pues en la práctica se confirmó un bloque con un poderío equivalente al de Brasil.

Los primeros pasos alimentaron las esperanzas de que las cosas iban bien. Gracias a que no se crearon esquemas burocráticos supranacionales, las decisiones se tomaron con relativa rapidez. Por cuenta de esa situación, un primer esquema de desgravación arancelaria quedó vigente muy pronto, y uno adicional –que tocó los sectores más sensibles– terminó siendo adoptado años después. En lo que concierne a movimiento de personas, o de capitales, también se levantaron barreras que llevaban muchos años de existencia.

Sin embargo, los pasos dados no condujeron a los resultados anhelados, al menos en un par de áreas clave. Las cifras de comercio exterior entre los socios de la Alianza son prácticamente las mismas de antes, una vez se descuentan las variaciones de precios en ciertas materias primas. Hay más contactos, claro está, y en uno que otro caso ha sido posible acceder a los respectivos mercados, pero la revolución que algunos esperaban no se dio, al menos hasta ahora.

Tampoco pasó mucho en lo que atañe a las inversiones financieras. La integración de las bolsas de valores fue recibida con bombos y platillos, sin que los capitales respondieran como se esperaba. Las razones son múltiples y tienen que ver con asuntos regulatorios y tributarios, con lo cual aquí sigue habiendo más una posibilidad, que una realidad.

Por lo tanto, la decisión de los mandatarios debería ser la de darle un nuevo impulso al trabajo de desmontar barreras y eliminar cuellos de botella. Hacer ese oficio es definitivo para que la asociación funcione, pero especialmente con miras a examinar las solicitudes de admisión que siguen acumulándose. En diferentes épocas, Costa Rica o Panamá han querido entrar, mientras que Argentina estaría interesado. Incluso Brasil, a pesar de tener costas en el Atlántico, demuestra su apetito.

Saber como decir sí o no es crucial para el futuro de la Alianza. No obstante, el énfasis debería ser el presente, pues sin desconocer lo que se ha logrado, todavía falta mucho para que este matrimonio de cuatro opere como es debido.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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