Ricardo Ávila
editorial

De mal en peor

Son muchos los factores que afectarán las ventas del país en lo que queda del año, comenzando con los precios del petróleo.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
agosto 11 de 2016
2016-08-11 08:35 p.m.
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Si el simple ejercicio de multiplicar por dos sirviera para predecir el futuro, sería posible afirmar que al cierre del 2016 las exportaciones de Colombia serán del orden de 28.600 millones de dólares, después de haber llegado a 14.324 millones entre enero y junio. El resultado final será otro, pues son muchos los factores que afectarán las ventas del país en lo que queda del año, comenzando con los precios del petróleo que aporta la mitad de lo facturado.

Sin embargo, no hace falta una bola de cristal para pronosticar que la suma será cercana a la mencionada. Eso quiere decir que estaremos por debajo de los 29.991 millones de dólares exportados en el 2007, y que la posibilidad de superar el máximo histórico de 60.125 millones del 2012 se ve realmente muy lejana, a menos que las cotizaciones de los bienes primarios salten hacia la estratosfera.

Por cuenta de esa situación, vamos camino a caer más en las clasificaciones globales y regionales. Con la tercera población más grande de América Latina y la cuarta economía de mayor tamaño, nos encaminamos a ocupar el puesto siete entre las naciones con más exportaciones del área, a una enorme distancia de México y Brasil, pero también lejos de Chile y Argentina. Aun en medio de su crisis, Venezuela nos debería superar, mientras que Perú se pondría por delante, gracias a sus esfuerzos de diversificación.
Lo anterior comprueba algo que, de tiempo en tiempo, los expertos se encargan de señalar: la colombiana es una de las economías más cerradas que existen, tal como lo confirman las comparaciones internacionales. A pocos días de que se conozcan los resultados del índice de competitividad global, las apuestas sugieren que estaremos en los lugares más bajos de la tabla que mide el peso del comercio exterior como proporción de la economía.

Buscar una clasificación más elevada debería ser una obsesión nacional que abarque más que los buenos propósitos del gobierno de turno. No hay duda de que conquistar mercados serviría para impulsar el crecimiento y generar oportunidades de empleo que hoy no existen. La experiencia de otras latitudes confirma que niveles mayores de intercambio son definitivos para alcanzar el progreso.

A pesar de esa convicción, tenemos poco que mostrar. Un cuarto de siglo después de haber desmontado barreras y optar por la internacionalización de la economía, los avances son pocos. Todavía nuestras ventas muestran un elevado nivel de concentración, tanto en término de países compradores como de productos despachados. Las comparaciones son odiosas, pero otros evidencian una capacidad mucho más elevada de desarrollar mercados y oferta exportable.

Un caso dramático se ve en aquello que se conoce como las cadenas globales de valor, que forman parte de la realidad actual. Tanto una prenda de ropa cualquiera como un electrodoméstico son el resultado de la unión de varios eslabones con origen en diferentes puntos del planeta. Y aunque algo hacemos en la materia, un documento del argentino Alonso Ferrando no hace mucho mostró que ocupamos el último lugar entre los 25 países en desarrollo con mayores exportaciones, lejos de Bangladesh o Pakistán, entre otros.

Es fácil identificar algunos problemas. En apenas seis años caímos 22 puestos en el índice de desempeño logístico que elabora el Banco Mundial, y ahora ocupamos el 94 entre 160 países. Aparte del cuello de botella de la infraestructura, están ineficiencias administrativas que descorazonan a cualquier exportador en potencia.

Pero más que entrar en recriminaciones, lo que se necesita es mirar hacia adelante y mirar de manera integral cómo vamos a aumentar nuestras ventas externas, para lo cual es indispensable el concurso del sector privado. La política que se presenta hoy en Cartagena es un paso en la dirección correcta. El problema es que nos faltan muchos más para llegar a la meta.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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