Ricardo Ávila
editorial

Después del humo blanco

La espera fue larga, pero al fin llegó el humo blanco. Así podría resumirse la última etapa de la negociación en La Habana.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
agosto 24 de 2016
2016-08-24 10:48 p.m.
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La espera fue larga, pero al fin llegó el humo blanco. Así podría resumirse la última etapa de la negociación en La Habana cuando los negociadores del Gobierno y de las Farc se encerraron a sacar los temas pendientes y dar por terminado un proceso que duró casi cuatro años, mucho más de lo que se creía inicialmente.

Después de múltiples ires y venires, ambos lados lograron ponerse de acuerdo. Ahora, el turno es para los colombianos que deberán pronunciarse sobre el texto final que incluye los capítulos de política de desarrollo agrario integral, participación política, fin del conflicto, drogas ilícitas y víctimas. Ese veredicto quedará resumido a un ‘sí’ o un ‘no’, las únicas opciones que existen en un plebiscito que acaparará la atención de la ciudadanía en las próximas semanas, hasta los comicios de comienzos de octubre.

Es válido tener reservas sobre aspectos de lo conseguido. A fin de cuentas, cuando dos partes se sientan a cada lado de la mesa lo que resulta no refleja la voluntad específica de unos u otros, sino un punto de encuentro que a veces está en la mitad y otras no. Más allá de las cesiones aquí y los logros allá, el meollo del asunto es convencer a la población de que, en conjunto, el texto es aceptable y que el país avanzará, así toque resignarse a que esta no es un acta de rendición por parte de la guerrilla.

La discusión tendrá lugar en medio de un ambiente político particularmente cargado. En contraste con otros procesos que resultaron exitosos, es incuestionable que las fuerzas de oposición representadas por el Centro Democrático harán lo que esté a su alcance para rechazar lo pactado. La estrategia incluye afirmaciones absurdas como la supuesta entrega del país al castrochavismo o falacias como la de insistir que una renegociación es posible, por lo menos en el futuro inmediato.

No faltan tampoco quienes quieren convertir la próxima cita con las urnas en un referendo sobre la administración de Juan Manuel Santos y propiciarle una derrota que lo dejaría cojeando durante lo que queda de su mandato. Conseguir adeptos para castigar al presente Gobierno, cuya impopularidad es innegable en los sondeos, es algo factible y más en medio de una desaceleración económica que deja un buen número de damnificados.

En la otra esquina, también es criticable la actitud de quienes hablan del regreso a un escenario de guerra y llegan a decir que el clima de orden público sufrirá notables deterioros, sobre todo en el frente urbano. Lograr votos a punta de temores se traduce en respaldos frágiles que harán falta, cuando toda la agitación electoral quede atrás y comience la etapa más difícil y de más largo aliento.

Esta no es otra que el posconflicto, que es un esfuerzo de largo plazo orientado a construir una sociedad más equitativa y próspera, con énfasis en cerrar la brecha que existe entre áreas urbanas y rurales. Aunque pagar la deuda histórica con el campo constituye una obligación inaplazable, igualmente es una oportunidad única de convertir al país en una potencia agrícola, gracias a sus ventajas comparativas naturales: tierra y agua en abundancia.

El desafío, sin embargo, es contar con instituciones eficientes que logren hacerse presentes en los lugares más remotos de la geografía y sean capaces de impartir justicia, llevar salud y educación, y crear las condiciones mínimas para que florezca la inversión privada. Ello implicará más recursos, junto con las debidas garantías de que la corrupción no se quedará con la mayor parte de la tajada.

Situarse en el bando de los escépticos es fácil y cómodo. El problema es que retornar al escenario de años atrás es imposible de justificar, comenzando por los muertos y los desplazados. Debido a ello, vale la pena intentar un nuevo camino: el de la paz. Este no estará exento de dificultades, pero es el que permite aspirar a que la Colombia del mañana sea mejor que la de hoy.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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