Ricardo Ávila
EDITORIAL

Problemas en el sur

Cuando se habla de países cercanos en problemas, los colombianos usualmente piensan en Venezuela, inmersa en una pavorosa crisis.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
julio 28 de 2016
2016-07-28 09:02 p.m.
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Cuando se habla de países cercanos en problemas, los colombianos usualmente piensan en Venezuela, inmersa en una pavorosa crisis en la que se combinan una fuerte recesión junto con la inflación más alta del mundo, aparte de una gran escasez de alimentos y otros artículos de primera necesidad. No obstante, hay que mirar también a Ecuador, cuyo desempeño es inquietante y con posibilidades de empeorar.

Esa impresión surge luego de mirar el diagnóstico que sobre nuestro vecino del sur hizo la Cepal esta semana. Según el organismo, este año la economía caerá 2,5 por ciento, después de haberse estancado en el 2015, sin que se vea la luz al final del túnel.

Las cosas ya venían difíciles por cuenta del desplome en los precios del petróleo, principal fuente de divisas e ingresos fiscales de los ecuatorianos. Pero tras el devastador terremoto que azotó en abril la costa Pacífica, la situación se complicó mucho más.
Para comenzar, el costo de la reconstrucción, calculado en casi 3.500 millones de dólares, golpea todavía más las menguadas finanzas públicas. Adicionalmente, sectores clave como el camaronero, que se estaba comportando bien, se vieron temporalmente afectados, pues, por cuenta de los problemas con la infraestructura, encontraron mermadas sus ventas externas.

Un bajón exportador mayor al esperado le cae muy mal a una economía dolarizada, y que no tiene la válvula de escape que da una devaluación de la moneda nacional. La falta de liquidez es evidente en las más diversas actividades y las reservas internacionales, que estaban en 2.293 millones de dólares a finales de mayo, lo que equivale a casi un mes de importaciones.

En respuesta, el Gobierno de Rafael Correa ha acudido a todo tipo de medidas para sobreaguar. De un lado, el presupuesto público fue recortado para reflejar la menor disponibilidad de recursos. Del otro, los impuestos subieron para compensar las menores rentas provenientes de los hidrocarburos.

Los proveedores de las entidades oficiales saben ahora que sus cuentas se demoran meses en pagarse, e incluso se han expedido bonos para cancelar acreencias ante la falta de efectivo. A pesar de ahorros aquí y malabares allá, el déficit del sector público asciende al 5 por ciento del Producto Interno Bruto, un nivel elevado.

Adicionalmente, el sismo llevó al Palacio de Carondelet a adoptar una serie de tributos de orden temporal que incluyeron, por ejemplo, subir el IVA del 12 al 14 por ciento durante un año. El cálculo es que esos gravámenes permitirán recaudar unos 1.000 millones de dólares que serán destinados a las zonas afectadas. Préstamos y ayudas internacionales ayudarán con otro tanto, con lo cual la reconstrucción servirá para dinamizar sectores productivos como el cementero, al tiempo que ayudan a generar empleo.

Por otro lado, las restricciones a la traída de bienes del extranjero continúan, mediante la aplicación de una salvaguardia cambiaria que es permitida por la Organización Mundial de Comercio. Uno de los grandes damnificados de esa política es Colombia, cuyas exportaciones a Ecuador han disminuido 34 por ciento entre enero y mayo, en comparación con el mismo periodo del 2015. Tal como van las cosas, nuestras ventas al país vecino caerán por debajo de los 1.000 millones de dólares por primera vez en años.
La baja en el consumo público y privado, la parálisis de la inversión y el escaso margen de maniobra que tiene Quito hacen que una recuperación sea poco factible. Solo un alza importante en los ingresos externos acabaría con la emergencia, pero eso es pensar con el deseo. Por tal motivo, hay que prepararse para un declive todavía mayor al sur de la frontera, con consecuencias que se acabarán sintiendo en Colombia, sin pensar ni siquiera en lo que pasaría con eventuales cirugías de fondo, como la alta posibilidad de que la fuerza de las circunstancias acabe con el modelo de la dolarización.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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