Ricardo Ávila
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¿El final del túnel?

Tras el nuevo acuerdo de paz, otro plebiscito es una opción que debería ser desechada por la Casa de Nariño. Lo que procede es ir al Congreso.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 14 de 2016
2016-11-14 09:27 p.m.
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A pesar de que los medios informaron que el pan estaba en la puerta del horno, más de un colombiano veía con escepticismo la posibilidad de que las conversaciones con las Farc en La Habana resultaran en un acuerdo modificado, apenas seis semanas después del plebiscito del 2 de octubre. Pero así fue. El sábado en la noche, la opinión se enteró de la existencia de un texto que se conoció al finalizar el domingo 13.

El nuevo documento es más largo que el anterior e involucra cambios de forma y de fondo. Tal como lo señaló el Gobierno, 56 de 57 reparos fueron atendidos, siendo el asunto de la elegibilidad de los jefes guerrilleros condenados por delitos de lesa humanidad, el único en el que las cosas quedaron como venían.

Si las variaciones resuelven las dudas de los partidarios del ‘No’, es algo que todavía no está claro al momento de escribir estas líneas. El escenario más factible es que aquellos que tenían reclamos específicos, que fueron atendidos, se muestren satisfechos, mientras que posiblemente habrá una línea dura que volverá a apartarse de lo consensuado entre las partes en La Habana.

Bajo el escenario descrito, la oposición se fraccionaría, con lo cual la administración podrá decir que el pacto más reciente interpreta el sentir de la mayoría de la opinión. Para darle validez a esa afirmación no faltan quienes hablan en favor de un nuevo plebiscito, con el fin de zanjar definitivamente el debate.

Aunque tentadora, esa opción debería ser desechada por la Casa de Nariño. Un descalabro adicional en las urnas sería imperdonable para un país que necesita dejar atrás el clima de incertidumbre y seguir adelante.

Tampoco vale la pena hacer uso de la creatividad jurídica de algunos abogados para diseñar mecanismos de ratificación que sembrarían más dudas que certezas. Debido a ello, lo que procede es ir al Congreso, con el propósito de que este promulgue las leyes y actos legislativos que se requieran. Es cierto que este es el camino más largo, pero es el que menos interrogantes genera.

En forma paralela, el proceso de concentración y posterior desarme de los integrantes de las Farc debe suceder. Hechos, y no más discusiones por los micrófonos, es lo que se requiere con el fin de que se cumpla el anhelo de pasar la página y comenzar el siguiente capítulo, que tampoco estará exento de desafíos.

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