Ricardo Ávila
Opinión

En la recta final

Empieza la carrera por la Casa Blanca, y la principal potencia mundial tendrá que elegir entre 2 candidatos que polarizan y poco representan al país.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
julio 31 de 2016
2016-07-31 06:23 p.m.
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Comienza la carrera por la Presidencia de Estados Unidos en medio de una campaña llena de elementos históricos. El Partido Demócrata se la ha jugado por tener la primera mujer al frente de la Casa Blanca, mientras el Republicano, sin proponérselo, tiene como contendor a un multimillonario candidato que jamás ha ocupado cargo público alguno.

Hillary Clinton se presenta con dos caras. Para sus grandes adeptos es una mujer con trayectoria, que ha trasegado por la vida pública como primera dama, senadora y secretaria de Estado, apostando a que la experiencia sea su sello diferenciador. Sus críticos, por otro lado, ven en ella la continuidad de la élite política, la profundización de la dinastía Clinton –que desde hace más de 25 años está en la arena electoral– y una versión más de los políticos dominados por el establecimiento de Washington.

"Empieza la carrera por la Casa Blanca, y la principal potencia mundial tendrá que elegir entre dos candidatos que polarizan y poco representan integralmente al país".

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Trump, por su parte, es un candidato atípico. Sus enemigos lo muestran como un hombre de negocios que llegó a la política por su condición de celebridad, apelando a un discurso populista y facilista que busca adueñarse de la antipolítica para desafiar las estructuras tradicionales. Sus simpatizantes, por el contrario, han encontrado en él una voz que, sin cálculo, ha enfrentado el establecimiento y le ha cantado la tabla a quien sea necesario para reivindicar los sueños y preocupaciones del típico ciudadano estadounidense de clase media.

Con estos elementos en juego hay realidades particulares. Los demócratas no gobiernan 12 años continuos desde que Franklin D. Roosevelt fuera elegido en cuatro ocasiones. Y los republicanos nunca se habían enfrentado por la Casa Blanca con un candidato que dividiera su propio partido, o exacerbara rechazo en sectores del voto hispano y afroamericano. Para ganar, cada uno tendrá que triunfar en los famosos swing states, estados donde no hay preeminencia por un partido.

Los resultados de las encuestas son variados. Trump y Hillary aparecen empatados en varios sondeos, y en algunos Trump ha tomado la delantera. Con preocupación, Hillary no gana en el segmento de mujeres blancas, que debería ser su nicho natural, y los jóvenes no confían en ella. Trump no triunfa con las minorías, y las grandes figuras de su partido no lo acompañan en los lugares más decisivos.

"Mientras Hillary se la juega con la continuidad de la costosa y ambiciosa agenda social de Obama, Trump le apostará a la indignación de una clase media, achicada y asfixiada". 

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En los discursos hay cosas paradójicas. Los candidatos han caído en el rechazo a la apertura comercial y son prisioneros del proteccionismo. Los dos apelan a sembrar en los norteamericanos su rechazo a los acuerdos comerciales y se comprometen con el endurecimiento de exigencias a China. En lo económico, Trump se la juega por un Estado liviano y menos impuestos, mientras que Hillary se presenta con la continuidad de la costosa y ambiciosa agenda social de Obama, considerada por la clase media como el detonante de más tributos.

Los demócratas, unidos, van en defensa de la administración Obama, con cifras que los favorecen. La economía se ha recuperado desde la crisis del 2008 y se ven avances en materia energética, además de una expansión de la industria automotriz y la construcción de vivienda. Por su parte, Trump le apostará a la indignación de una clase media –achicada y asfixiada– y apelará a su rechazo por el ‘Obamacare’ y el sentimiento de pérdida de liderazgo internacional.

Los dos candidatos se sacarán los trapos al sol. Hillary exhibirá los antecedentes de Trump sobre el maltrato a las mujeres, su radicalismo y sus controversiales negocios, acompañados del hecho de que fuera uno de sus principales financiadores en Nueva York. No obstante, Trump no tendrá compasión en exagerar las mentiras de los escándalos que han empañado a los Clinton y profundizará las críticas por los correos electrónicos relacionados con informes de inteligencia.

La campaña entra en su recta final y no hay un ganador claro. Los debates estarán para alquilar balcón, pues la principal potencia mundial tendrá que escoger entre dos candidatos que polarizan y poco representan integralmente a toda una nación.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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