Ricardo Ávila
Opinión

Esto ya no es un chiste

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
marzo 03 de 2016
2016-03-03 12:14 a.m.
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Hillary Clinton y Donald Trump fueron los indiscutibles ganadores del ‘supermartes’, la jornada más importante del proceso de elecciones primarias para la presidencia de Estados Unidos. Con siete victorias para cada uno, la exsecretaria de Estado demócrata y el magnate de finca raíz republicano, consolidaron su posición como favoritos a la nominación de sus respectivos partidos.

La cita que volvió a cumplirse hace un par de días es tradicionalmente el momento de definición para que un aspirante tome ventaja sobre los demás. Aparte de los miles de individuos que se acercan a las urnas, los electorados difieren de acuerdo con las regiones: en unas habitan más minorías, mientras que en otras hay fuertes tradiciones en materia ideológica. Salir avante de la prueba es demostrar que una candidatura tiene la fuerza necesaria para atraer a personas de diversas condiciones.

"Los nombres de los favoritos para protagonizar la carrera por la Casa Blanca habrían sido impensables hace pocos años"

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Clinton y Trump lograron precisamente eso. En lo que atañe a la exprimera dama, esta probó que es la heredera de Barack Obama, al obtener, de sobra, el respaldo de los afroamericanos. Su gran contrincante, Bernie Sanders, quien había prometido una ‘revolución’ de izquierda, continuará en la carrera, pero será muy difícil que alcance un número de delegados importante. Por primera vez en la historia estadounidense, una mujer, quien además ya vivió en la Casa Blanca, será la escogida de uno de los dos grandes partidos.

Mientras los demócratas se agrupan alrededor de la exsenadora, los republicanos asisten a la mayor fractura de su bancada desde los años sesenta. La irrupción de Trump ha transformado dramáticamente la realidad de la derecha norteamericana. De los 15 estados hasta hoy disputados, el magnate ha ganado en diez, y esa racha ha impulsado la renuncia de personas que hasta hace poco estaban en el grupo de los favoritos, como Jeb Bush.

Considerado poco más que un chiste a mediados del año pasado, Trump ha tocado una cuerda con la que muchos se identifican, a punta de mensajes antiestablecimiento o ataques xenófobos contra latinos y musulmanes. Aun le quedan un par de rivales importantes como el senador texano Ted Cruz, quien representa los votos evangélicos y el Partido del Té, un bloque surgido hace cuatro años como oposición radical al gobierno Obama y a los congresistas tradicionales. También está el senador por la Florida, Marco Rubio, más cercano a la dirigencia y quien es visto como alguien con futuro.

"Todo indica que la exprimera dama Hillary Clinton se enfrentará con el magnate Donald Trump el próximo noviembre". 

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No obstante, nada hace pensar que ese par de congresistas logren detener el impulso del conocido millonario, cuya capacidad de insultar o descalificar al contrario no tiene antecedentes recientes en Estados Unidos. Para algunos, la oposición está recogiendo lo que sembró a lo largo de los ocho años del gobierno de Obama: un discurso agresivo, sin mayor profundidad en sus propuestas, que le apuesta al populismo contra las minorías y al nacionalismo económico.

Aunque matemáticamente hablando el tren de la ‘Trumpmanía’ podría descarrilarse, pues todavía quedan muchas primarias importantes, es dudoso que sea así. Por tal motivo, cada vez es más factible el escenario de una final que habría sido descabellada, incluso en una producción de Hollywood: la esposa de un expresidente contra un millonario que no respeta límites y del cual se burla medio mundo.

Pero los chistes empiezan a darle paso a los ceños fruncidos. El motivo es que las encuestas indican que la competencia final se ve más estrecha de lo que alcanzaría a pensarse, y ello puede dar pie a nuevos excesos que, en último término, contribuirían a deslegitimar la democracia más prestigiosa del planeta.

No hay duda de que la campaña que viene será entretenida. Lo que está por verse es qué consecuencias deja en una nación cuyos ciudadanos comienzan a abrir una caja de Pandora. Habrá que ver si pueden cerrarla.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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