Ricardo Ávila
Opinión

Una historia de éxito

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
marzo 03 de 2016
2016-03-03 11:43 p.m.
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A la luz del pesimismo que por estos días invade a los colombianos, no es fácil encontrar receptividad para las buenas noticias. Quizás ello explica el tratamiento de segunda categoría que le dieron los medios de comunicación al reporte del Dane, según el cual el índice de pobreza volvió a bajar y se ubica ahora por debajo del promedio de América Latina.

Lo conseguido es notable. En el 2002, uno de cada dos colombianos era pobre, seis puntos por encima de la media regional. El año pasado, dicha proporción bajó a 27,8 por ciento, mientras que Latinoamérica sigue estancada en el 28 por ciento desde el 2012.

Tales cifras son miradas con desconfianza por la opinión, que en general confía poco en las estadísticas oficiales. No obstante, en el ámbito académico los datos tienen credibilidad, pues la definición de los parámetros utilizados para medir este flagelo salió de un trabajo técnico que duró un buen tiempo e involucró expertos locales y extranjeros.

Con base en esa labor, en su momento se trazó lo que se conoce como una línea de pobreza que es reajustada cada año. Para el 2015, el monto establecido es de 894.552 pesos mensuales de ingresos para una familia de cuatro personas, suma con la cual se puede adquirir una canasta de bienes y servicios que proveen un nivel de vida adecuado, anotando que el límite es mayor en las zonas urbanas y menor en las rurales.

"La disminución de la pobreza en el 
país es algo notable, sin desconocer
que aún falta un largo trecho por
recorrer en esta materia".

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Asimismo, el ejercicio incluye la pobreza extrema. Ganar menos de los 408.436 pesos mensuales, que son el punto de corte para un hogar tipo, significa que sus integrantes no alcanzan siquiera a cubrir sus necesidades alimentarias. Si bien en este caso también la proporción descendió al 7,9 por ciento de la población –frente a 8,1 por ciento el año pasado y 17,7 por ciento en el 2002–, aún uno de cada 12 compatriotas no alcanza a comer lo requerido.

Ese guarismo demuestra que a pesar del camino recorrido, todavía queda un gran trecho por delante. Uno de los más complejos es el de la brecha que existe entre el campo y la ciudad, pues la pobreza en el primero llega al 40,3 por ciento, mientras que en las 13 zonas metropolitanas más grandes es del 15,4 por ciento. Y en lo que respecta a la miseria, la diferencia es incluso mayor, ya que los números son 18 y 4,9 por ciento, respectivamente.

Por tal razón, es difícil oponerse a cualquier iniciativa que busque impulsar el progreso de las actividades agropecuarias, bajo el supuesto de que cualquier inversión que se haga comenzará por beneficiar a los campesinos. Aun en medio de las estrecheces actuales, hay que tener claro que un mayor avance en los indicadores sociales, pasa, sobre todo, por la mejora en las condiciones productivas en el campo y los lugares más alejados de las grandes capitales.

"Uno de los retos es cerrar la brecha entre
el campo y la ciudad, pues las diferencias entre uno y otra son descomunales".

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Pero ese no es el único reto. Los datos del Dane muestran que la incidencia de la pobreza es mucho mayor para quien no está ocupado, cuenta con poca o ninguna educación y tiene tres o más niños menores de 12 años. Aquí hay espacio para políticas públicas, incluyendo una mezcla de estímulos y subsidios, sin olvidar la calidad de la enseñanza.

En medio de este panorama, es clave tener en cuenta que la torta debe repartirse mejor. Afortunadamente, en este asunto, el 2015 trajo igualmente una buena nueva, pues la desigualdad, medida por el coeficiente de Gini, disminuyó a 0,522 frente a 0,538 del año previo. Sin entrar en honduras técnicas, somos un país menos inequitativo que antes, aceptando que aún falta.

Reconocidos esos logros, el reto es seguir adelante. Ello no será fácil en estos tiempos de aumento en el desempleo, cuya baja es la principal causa de lo ocurrido. A lo anterior se suma el comportamiento de la inflación, que atenta contra el poder adquisitivo. Por tal motivo, hay que multiplicar esfuerzos para evitar dar marcha atrás, tras haber escrito una historia de éxito en materia de disminución de la pobreza.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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