Ricardo Ávila
Opinión

Hora de acortar la rienda

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
febrero 07 de 2016
2016-02-07 09:33 p.m.
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Las cosas le salieron bien la semana pasada a Juan Manuel Santos. Aun para quienes toman distancia del Gobierno es difícil argumentar que la visita oficial del mandatario a Washington no rindió los frutos esperados, al ir mucho más allá de los discursos de rigor y los eventos sociales.

De un lado, la posibilidad de un acuerdo de paz le permitió al mandatario llevar su mensaje a múltiples escenarios, incluyendo aquellos conformados por empresarios y líderes de opinión.

Del otro, la promesa de la Casa Blanca, en el sentido de que solicitará 450 millones de dólares en el proyecto de presupuesto del próximo año fiscal con miras al posconflicto, confirmó que, lejos de disminuir, la ayuda estadounidense aumentará.

Por tal motivo, las caras de satisfacción en el avión presidencial que trajo al mandatario de vuelta al país eran la norma. Más de un invitado señaló que ahora sí había quedado enterrada definitivamente la expresión ‘Estado fallido’, que nos identificó a comienzos del siglo.

Sin embargo, una vez pasada la euforia que dejó nuestro cuarto de hora en la capital norteamericana, hay que retornar a la realidad. Ojalá el haber recargado las pilas por fuera, le sirva al inquilino de la Casa de Nariño para prestarles atención a un sinnúmero de temas internos que no dan espera. Y es que más allá de lo que suceda en La Habana, existen urgencias que requieren atención inmediata por parte de una administración que tiene falencias en el manejo de los asuntos del día a día.

La lista de tareas es amplia. Los sondeos más recientes muestran que después de haber tenido un ligero repunte, la opinión sobre el Gobierno es mayoritariamente negativa. Líos de vieja data, como el de la salud, se combinan con problemas urgentes, como los creados por la sequía. El debate en torno a los sobrecostos de Reficar causa particular escozor en una opinión que ve corrupción donde no necesariamente la hay.

Como si lo anterior fuera poco, la incertidumbre en materia económica es alta. El arranque del 2016 fue especialmente turbulento y los consumidores sienten la desazón que deja una tasa de cambio alta. Para quienes piensan solo en pesos, la inflación no da tregua, y en las plazas de mercado escasean frutas y verduras, con lo cual el disgusto aumenta.

Debido a ello, Santos se enfrenta al reto de acercarse a los problemas cotidianos de la población. Los anuncios grandilocuentes sobre un futuro venturoso, que es difícil de ver en medio de las angustias propias de la carestía y los vientos de la desaceleración, deberían venir acompañados de una mayor cercanía a la gente. Más que hablar, el Presidente necesita escuchar e ir a las regiones con más humildad que promesas.

Mientras ese día llega, el Gobierno está en mora de hacer un ejercicio de coordinación interna. Los ministros parecen ruedas sueltas, y más de uno no tiene inconveniente en meterse en los terrenos del otro. Las aspiraciones personales hacen que la administración se vea descuadernada y que en el agregado sea menos que la suma de sus partes.

Adicionalmente, da la impresión de que la mayoría del gabinete piensa que la caída en los recaudos públicos es una exageración de su colega de Hacienda, como si el desplome en el precio del petróleo fuera un invento de los medios de comunicación. En consecuencia, la presión sobre el gasto no disminuye, y eso que no ha comenzado la discusión de los recortes adicionales que se hacen obligatorios para no perder la buena nota que nos dan las calificadoras de riesgo.

Todo lo anterior obliga a tomar la rienda corta y poner a más de un funcionario en su sitio. Es sabido que el estilo presidencial es contrario a la confrontación, pero una administración que tiene la inmensa responsabilidad de conducir el posconflicto, no puede estar descuadernada. Y mucho menos hacer sentir que solo se preocupa por la paz, mientras el clima interno empeora.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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