Ricardo Ávila
Brújula

Una cuesta empinada

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
febrero 08 de 2016
2016-02-08 12:00 a.m.
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Aquella conocida expresión según la cual ‘toda situación, por mala que sea, es susceptible de empeorar’ se aplica plenamente a la evolución del Índice de Precios al Consumidor durante el primer mes del 2016. Confirmando que la cuesta de enero existe, el Dane reportó que la inflación llegó al 1,29 por ciento, el doble que en igual periodo del año pasado.

La causa fue la misma de las mediciones recientes: la comida. El grupo de alimentos experimentó un salto del 2,8 por ciento, impulsado por bienes como la papa (subida del 31,8 por ciento), las naranjas (16,6 por ciento) y las hortalizas (15,9 por ciento).

Es evidente que la culpa en este caso es del fenómeno de ‘El Niño’. La intensificación de la sequía se nota sobre el rendimiento de las cosechas, tanto en el altiplano cundiboyacense como en otros departamentos en donde las temperaturas no ceden.

No obstante, también es claro que muchos renglones van a una velocidad acelerada. El ritmo de las alzas en el campo de la salud se duplicó, mientras que en lo que atañe a la diversión se triplicó, y para el vestuario se multiplicó por siete. Más allá de que en algunos casos los guarismos sean todavía bajos, el punto es que el efecto de bola de nieve empieza a notarse, algo que debería llamar la atención de las autoridades.

Y es que el acumulado de los pasados 12 meses –que era muy malo– ahora es todavía peor.
Una carestía anual de casi el 7,5 por ciento se convierte en una amenaza para la economía, pues no solo golpea los ingresos reales de los hogares, sino corre el riesgo de desatar una perniciosa espiral.

Por lo tanto, el reto del Banco de la República es controlar la avalancha para que ciertos reajustes no se hagan irreversibles. En tal sentido, son previsibles más incrementos en la tasa de interés que administra la entidad.

De manera paralela, el Gobierno tiene que examinar la política alimentaria, pues los altos niveles de protección que existen impiden que el descenso en los precios de los alimentos, que es la constante en el mundo, se sienta en estas latitudes. Aunque más de un agricultor está feliz con esa circunstancia, quienes pagan la cuenta son los consumidores, que siguen esperando a que lleguen las lluvias y la devaluación del peso se modere. Mientras tanto, la inflación seguirá dando mucho de qué hablar.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto


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