Ricardo Ávila
brújula

Jugando con fuego

La dictadura norcoreana es impredecible y responde con amenazas que más de uno toma en serio.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
abril 16 de 2017
2017-04-16 03:00 p.m.
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Las imágenes del sábado pasado en Pyongyang, cuando miles de integrantes del ejército norcoreano desfilaron en los actos de conmemoración del nacimiento del fundador de la nación comunista, Kim Il-sung, no hicieron más que elevar el nivel de alerta en el mundo entero. El motivo fue el tono beligerante de un régimen que parece estar dispuesto a hacer daño y cada vez cuenta con mayor poderío militar.

Aunque la tensión en la península de Corea lleva décadas –el norte y el sur se encuentran técnicamente en guerra desde mediados del siglo pasado–, las cosas ahora son a otro precio. La razón es que el régimen de Kim Jong-un ha continuado la política de desarrollo del arsenal nuclear que comenzó su padre, convirtiéndose en una verdadera amenaza para la seguridad del sudeste asiático.

Aunque nadie lo sabe a ciencia cierta, los expertos consideran que Corea del Norte cuenta con una veintena de bombas de este tipo, lo cual le da una capacidad de destrucción inmensa. El artefacto que detonó en septiembre pasado tenía un poder explosivo equivalente a dos veces el que cayó sobre Hiroshima en la Segunda Guerra Mundial y dejó cerca de 150.000 víctimas.

Como si lo anterior no fuera suficiente, Pyongyang viene mejorando el alcance de sus misiles, los cuales han comenzado a incorporar combustible sólido. El fin de semana quedó claro que no está lejano el día en el cual logre probar con éxito un proyectil intercontinental, que podría impactar objetivos hasta a 11.500 kilómetros de distancia.
Ante esa eventualidad, Estados Unidos se encuentra en máxima alerta. Donald Trump le envía con frecuencia mensajes intimidatorios a Kim Jong-un, que incluyen el despacho de un portaviones a la zona y la petición a China para que ejerza presión sobre su vecino.

En otras circunstancias, la presión de Washington sería suficiente para comenzar negociaciones orientadas a bajar la temperatura. No obstante, la dictadura norcoreana es impredecible y responde con amenazas que más de uno toma en serio.

Saber cómo se solucionará este impasse resulta imposible. De un lado, se encuentra el inescrutable comportamiento del líder más autoritario del planeta, y del otro la inexperiencia de una Casa Blanca más orientada a la acción que a la diplomacia. Por eso, bien se dice que ambos están jugando con fuego.

ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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