Ricardo Ávila
brújula

La nueva realidad

Aunque no es momento de encender las alarmas, la calidad de la cartera se ha deteriorado, reflejo de una economía que anda menos bien.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 25 de 2016
2016-09-25 07:17 p.m.
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Aquello de que el sistema financiero es la savia que determina la salud del árbol de la economía, parece tener plena validez en Colombia, de acuerdo con las cifras más recientes del sector. Y es que el follaje se ve mucho menos frondoso que hace un año, por cuenta de una innegable desaceleración que tiene su expresión en las cifras disponibles.

Según el más reciente informe del Banco de la República, con corte al pasado 9 de septiembre, la cartera bruta del sistema financiero llegó a cerca de 396 billones de pesos, un alza del 9,9 por ciento con respecto al año anterior. Cuando se descuenta la inflación acumulada para el mismo periodo, salta a la vista que el aumento es inferior al 2 por ciento, uno de los más bajos en lo que va del siglo.

Aunque no hay modalidad que salga indemne del apretón, lo primero que salta a la vista es que los préstamos en moneda extranjera caen, tanto por la aversión a la volatilidad cambiaria como por la fuerte caída en el comercio exterior colombiano.

Atrás quedaron los tiempos en los cuales endeudarse en dólares era muy atractivo, debido a la revaluación del peso.

De otro lado, las diferentes modalidades de crédito han perdido dinamismo. La cartera comercial sube 7,9 por ciento, mientras que la de consumo lo hace en 12,4 por ciento. El ramo más dinámico es el hipotecario, con un avance del 14,8 por ciento, mientras que el que peor evoluciona es el microcrédito, con 6,1 por ciento.

Cada uno de esos segmentos trasluce realidades individuales. Por ejemplo, las ventas de vivienda se comportan adecuadamente todavía, en tanto que las pequeñas y medianas empresas han resultado golpeadas por el enfriamiento en la demanda interna.

No menos importante en el análisis es el desempeño de las tasas de interés, que reflejan la política de ajustes impulsada por el Emisor, y que tiene como objetivo poner a la inflación en cintura. Debido a esa circunstancia, el costo promedio del dinero es hoy del 15 por ciento anual, un incremento considerable con respecto al 11,6 por ciento del 2015.

La nueva realidad también se expresa en un mayor volumen de préstamos atrasados. Aunque no es momento de encender las alarmas, la calidad de la cartera se ha deteriorado, reflejo de una economía que anda menos bien.

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