Ricardo Ávila
editorial

La incertidumbre hace daño

Las cifras positivas de la industria son reconocidas por la Andi, pero los empresarios creen que hay incógnitas sin respuesta.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
agosto 10 de 2016
2016-08-10 11:04 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

Son amplias las expectativas que despierta la asamblea anual de la Asociación Nacional de Empresarios (Andi), que por estos días tiene lugar en Cartagena y cuyo veredicto sobre la situación del país servirá para tomarle el pulso al sector privado. El evento abre la temporada de grandes congresos gremiales del segundo semestre y reúne como ningún otro a los capitanes de múltiples compañías, especialmente vinculados al sector real, cuyo desempeño no va mal.

Así lo sugieren diversos indicadores. El índice de confianza industrial que elabora Fedesarrollo muestra un repunte, sobre todo atribuible a la fortaleza del mercado interno. La percepción mayoritaria es que las cosas deberían seguir mejorando hacia finales del 2016. Por su lado, la Andi reporta un mayor uso de la capacidad instalada, al igual que alzas en los niveles de producción.

Un parte similar es el que emite el Dane con respecto a la actividad manufacturera, si bien en mayo tuvo lugar un frenazo. Dos terceras partes de los renglones examinados se encuentran en negro, con lo que es posible afirmar que la recesión quedó atrás. El buen desempeño tiene mucho que ver con la entrada en operación de la refinería de Cartagena, aunque la lista de los que califican positivamente la coyuntura es amplia.

La causa principal de las buenas notas es la depreciación del peso. De la mano del alza en el precio del dólar, que encarece las importaciones, los proveedores nacionales han podido sustituir los bienes traídos de afuera. Un ejemplo es el de las confecciones, que tomaron aire tras años de penurias y que ahora buscan oportunidades en el exterior.
A raíz del giro en la dirección del viento, más de uno podría esperar que los representantes del Ejecutivo, comenzando con Juan Manuel Santos, encuentren un ambiente más cálido que en otras oportunidades. Además, el Gobierno podrá decir que cumplió con el compromiso de fijar las bases de una política de desarrollo productivo, contenida en el documento Conpes aprobado a comienzos de la semana.

Sin embargo, todo apunta a que las preocupaciones acabarán relevando a un segundo plano los gestos de satisfacción. La causa es la incertidumbre, pues las incógnitas son de tal magnitud que los esfuerzos de planear y hacer proyecciones son más difíciles que lo usual.

Y no se trata del clima internacional, que, indudablemente, ha empeorado, debido a hechos como el ‘Brexit’, la desaceleración de China, o la posibilidad de que Donald Trump llegue a la Casa Blanca. La debacle de Venezuela o las angustias de Ecuador tampoco ayudan, pues lo que pase en el vecindario nos afecta.

No obstante, la sensación de que el horizonte está lleno de incógnitas tiene relación con dos factores: la paz y la reforma tributaria. En lo que concierne a la primera, las preguntas comienzan con la fecha de cierre de la negociación y la definición de los puntos pendientes. Aunque en sus pronunciamientos recientes los empresarios respaldan el proceso, es claro que el diablo está en los detalles y que estos son cruciales para la etapa que sigue. La posibilidad de que el plebiscito no consiga el respaldo necesario es una fuente adicional de dudas por los efectos que tendría en la seguridad y la política.

También son numerosos los cuestionamientos sobre la cirugía de fondo que tendría el régimen impositivo. Más allá del compromiso de que será radicada una propuesta pronto, la administración se ha negado a destapar sus cartas. Esa falta de precisión desemboca en un aplazamiento de decisiones de inversión, ya que la tasa de retorno de cualquier iniciativa depende de las cargas fiscales del caso.

Debido a ello, sería ideal que el Gobierno aproveche la ocasión para hablar sin tapujos sobre lo que viene. Sinceridad, más que autocomplacencia, es lo que requiere el sector privado, cuyo deseo central es recibir las respuestas que la administración todavía no da.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

Nuestros columnistas

día a día
lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado