Ricardo Ávila
Opinión

Mejor que esté alentado

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
marzo 17 de 2016
2016-03-17 09:05 p.m.
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Hace pocos días, tras la publicación de los resultados del ramo bancario al cierre del ejercicio contable del 2015, volvieron a escucharse las voces críticas de siempre. Tales manifestaciones se repitieron después de que en los datos relativos al comportamiento del Producto Interno Bruto se informó que el subsector de intermediación financiera creció a tasas superiores al 9 por ciento el año pasado, justo en un periodo de desaceleración económica.

El principal argumento de los contradictores es que este favorable desempeño es consecuencia de un exceso en las utilidades de las entidades de crédito, lo cual no solo es conceptualmente erróneo, sino que demuestra una mala interpretación de los datos con fines de desprestigiar a uno de los segmentos cuya buena salud es definitiva para sacar al sector productivo de su marasmo y estimular el consumo de las familias.

Una equivocación que es a la vez común y grave es asociar el desempeño del PIB sectorial con las utilidades contables de cada actividad, pues mientras el primer concepto está relacionado con el valor agregado, el segundo hace referencia a la estructura financiera, dos nociones distintas. De esta manera, una empresa puede haber experimentado pérdidas desde el punto de vista contable, sin que esto necesariamente afecte su contribución a la economía como un todo.

"Las sólidas cifras que muestra el sector crediticio son positivas para la salud de
la economía colombiana".

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Ahora bien, más preocupante sería el hecho de que el subsector de intermediación financiera creciera a un nivel inferior al del promedio del sector productivo, en una coyuntura de ralentización como la actual. A fin de cuentas, un menor dinamismo de dicha actividad se traduciría en niveles de liquidez más bajos, lo que profundizaría aún más el tamaño de la desaceleración e incluso, como se observó en la crisis de fin de siglo y la que golpeó a Estados Unidos a finales de la década pasada, podría empeorar la salud del enfermo.

En contraste, un buen comportamiento del negocio crediticio, deja entrever el papel contracíclico que juega el renglón. Lo anterior gana relevancia en la medida en que el sector público ha encontrado dificultades en jalonar la actividad productiva, por cuenta de las dificultades fiscales derivadas de las vacas flacas presentes en el campo minero energético. Por esta razón, el buen desempeño en tiempo de crisis no debería ser –ni mucho menos– estigmatizado. Por el contrario, necesita ser visto favorablemente, ya que ayuda a mover con más rapidez la rueda de la inversión, la demanda y el empleo.

De tal manera, la discusión que hay que dar es otra. El verdadero desafío en Colombia consiste en cerrar la brecha que tenemos en términos de profundización financiera. En efecto, si se analiza el grado de desarrollo y los niveles de cartera sobre PIB en todo el mundo, se observa un rezago del país de al menos 15 puntos porcentuales. La cifra no es nada despreciable si se tiene en cuenta la evidencia internacional sobre el impacto que este atraso relativo implica y las necesidades de recursos de crédito que demandarán sectores como el agro, los servicios y la industria de cara al posconflicto.

"El verdadero debate debería ser sobre
cómo cerrar la brecha en términos de profundización financiera, pues sigue siendo alta".

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En este tema, el avance firme, pero prudente, es obligatorio. Si bien no es deseable que el sector financiero crezca a tasas inferiores a las del promedio, tampoco es recomendable que lo haga a tasas desbordadas.

De ahí la importancia de mantener un monitoreo permanente a las cifras de cartera, pues los excesos en un contexto de desaceleración económica pueden tener consecuencias indeseables sobre los indicadores de calidad y morosidad. A este respecto, las cifras reportadas para diciembre del 2015 por la Superintendencia Financiera muestran que la calidad de los préstamos se ha mantenido en niveles saludables –alrededor del 2,8 por ciento–. No obstante ese parte de calma, la más mínima señal de alerta debería despertar respuestas desde el punto de vista regulatorio. Por ahora, no hay motivo de alarma.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

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