Ricardo Ávila
Opinión

A moverse en movilidad

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Opinión
POR:
Ricardo Ávila
febrero 04 de 2016
2016-02-04 09:13 p.m.
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Ayer se llevó a cabo en Bogotá una nueva edición del día sin carro, que desde el 2000 invita a los capitalinos a guardar su vehículo. La iniciativa promovida por el hoy alcalde Enrique Peñalosa, en su primera administración, se ha convertido en una jornada que no solo confina a un millón y medio de autos particulares y motos a los garajes, sino que también abre la puerta a la reflexión sobre el transporte público. Si hay un tema en la agenda local que hoy, más que una advertencia requiere acción, es precisamente la movilidad urbana.
Desplazarse por la capital es un martirio. Los carros protagonizan largos trancones, mientras que solo uno de cada cinco usuarios de TransMilenio está satisfecho con el servicio. Los 26.000 colados en los buses rojos son responsables por un hueco de 400 millones de pesos diarios, en tanto que el reciente auge en los viajes en bicicleta usa una infraestructura desbordada y deteriorada.
La movilidad es uno de los principales factores que estropean la calidad de vida en la urbe. Por años, el Distrito dejó engordar problemas estructurales del transporte público y ahora paga las consecuencias. Los abucheos que recibió el Alcalde reflejan el hartazgo ciudadano, el mismo que también se expresó en bloqueos.
Las expectativas que hay sobre lo que puede hacer el Palacio Liévano en la materia son muy altas. A fin de cuentas, Peñalosa partió en dos la historia de la metrópoli con sus determinaciones.
Ahora, el burgomaestre se debate entre la confianza que le tienen sus seguidores y el virulento rechazo de sus opositores al ver revertidas decisiones del pasado. Tanto con pequeñas medidas, como el sentido de la carrera 11, o el el metro, la Alcaldía ha optado por caminos que generan críticas.
Es ingenuo pensar que esta tiene la vara mágica para resolver en semanas un caos que se tomó muchos años. No obstante, la impaciencia es hoy mayor que la de finales del siglo pasado. El margen de espera que los capitalinos le darán a su gobernante para empezar a notar un alivio en la movilidad urbana es corto, y el reloj en contra ya empezó a correr. Además, la municipalidad enfrenta una oposición de izquierda sistemática, con eco en los medios y que se resiste a asumir su responsabilidad en el actual rezago.
Todo esto lo conoce bien Peñalosa. No es casualidad que en el primer mes de gobierno los anuncios y las medidas sobre el asunto hayan sido grandes protagonistas. No obstante, la Administración necesita llenarse de más argumentos y persuadir a la opinión pública local que su giro en lo que atañe al metro es el correcto y su compromiso con el ambicioso proyecto se mantiene. En materia de troncales de TransMilenio, la ciudad quiere reconocer de nuevo al gestor eficiente que se inventó el sistema de articulados.
Sin embargo, el tema tiene muchas aristas. El sistema integrado de transporte masivo enfrenta retos financieros, así como quejas por las bajas frecuencias. La falta de cultura ciudadana dentro de los articulados se refleja tanto en los miles de colados como en el deterioro de las estaciones y la inundación de ventas ambulantes. La disparada en el uso de la bicicleta era un cambio que por muchos años se incentivó, pero que hoy requiere compaginarse con inversión en infraestructura, conectividad de las ciclorrutas y más cicloparqueaderos, aparte de una indispensable campaña educativa que lleve a entender que los derechos de un determinado segmento no necesariamente están por encima de los demás.
En conclusión, el reto no es fácil, pues la dimensión de las dificultades es cada vez mayor y la paciencia de la gente es corta. Muchas soluciones todavía se demoran, mientras se despejan cuestiones financieras de fondo. Una mezcla de logros tempranos podría darle al Distrito el respiro necesario para gerenciar mejor la problemática. Y ese plazo se vencerá en un año, en el próximo día sin carro.

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